Jueves, 23 Noviembre 2017

Paul Gamarra Yáñez

Cuando Maritain aborda las bases espirituales del principio totalitario en su Humanismo Integral, nos dice: "Hay un ateísmo que declara que Dios no existe y que hace su Dios de un ídolo; y hay un ateísmo que aunque declara que Dios existe, hace de Dios mismo un ídolo, porque niega por sus actos, ya que no por sus palabras, la naturaleza y los atributos de Dios y su gloria, invoca a Dios pero sólo como un genio protector ligado a la gloria de un pueblo o de un estado contra todos los demás o como un demonio de la raza"

Maritain desenmascara a las ideologías resonantes de su tiempo: tanto comunistas como nazis participan del mismo principio: la muerte de Dios. La grandeza de Maritain es que ha señalado ya en 1934 cuál es fundamento de los males de los hombres de nuestro tiempo, del suyo como del nuestro. Y es que la ausencia de un gobierno tiránico no significa que haya desaparecido el totalitarismo. Parece que ahora éste se ha revestido de nuevas ideas y promesas, trae consigo una nueva fruta y su lengua es más seductora pues es invisible, ya no es ubicable como lo eran las partículas comunistas o nazis.

El desierto ha crecido. La muerte de Dios ha dejado el cuenco vacío. Los contenidos fueron ídolos, consciente o inconscientemente usados, pero ídolos que al fin y al cabo desataron masacres y precipitaron al hombre a cuestionar la misma necesidad y realidad del cuenco: el Hombre.

Maritain no está diciendo algo nuevo, su intuición tan sólo confirma aquello que habíamos señalado anteriormente como "desierto"- tomando una imagen de Nietzsche: El nihilismo. Por ello tal vez sea lo mejor iniciar este viaje retornando con Nietzsche a ese día en que el "loco" anunció la muerte de Dios.

Bajo el título "el Hombre loco" escribe Nietzsche en La gaya ciencia: "Habéis oído hablar acerca de aquel hombre loco que al surgir la luz clara de la mañana, encendió una linterna, corrió al mercado y se puso a gritar incesantemente: "¡Busco a Dios!", "¡Busco a Dios!". Y puesto que allí se encontraban reunidos muchos que no creían en Dios, suscitó grandes carcajadas. "¿Acaso se ha perdido?" dijo uno. "¿Se ha perdido como un niño?" dijo otro. "¿o bien se ha escondido?, ¿Tiene miedo de nosotros?, ¿Se ha embarcado?, ¿Ha emigrado?" -gritaban y reían haciendo gran confusión. El hombre loco se avalanzó en medio de ellos y los atravesó con su mirada: "¿A dónde se ha ido Dios? - gritó- os lo quiero decir!. ¡Nosotros lo hemos asesinado: vosotros y yo! ¡Todos nosotros hemos sido sus asesinos! ¿Pero cómo hemos hecho esto? ¿Cómo pudimos vaciar el mar, bebiéndonos hasta la última gota? ¿Quién nos ha dado la esponja para borrar el horizonte entero? ¿Qué hicimos para liberar esta tierra de la cadena de su sol? ¿Hacia dónde se mueve ahora? ¿Hacia dónde nos movemos nosotros? ¿Fuera de todos los soles? ¿No es el nuestro un eterno precipitar? ¿Es hacia atrás, de costado, hacia delante, hacia todas partes? ¿Existe aún el alto y el bajo? ¿No estamos acaso vagando a través de una infinita nada? ¿No sopla sobre nosotros el espacio vacío? ¿No hace más frío? ¿No continúa a surgir la noche, siempre más noche? ¿No debemos encender linternas por la mañana? Del estrépito que hacen los sepultureros mientras entierran a Dios, ¿No escuchamos nada? ¿No olemos aún el hedor de la putrefacción divina? ¡Inclusive los dioses se descomponen! ¡Dios ha muerto! ¡Dios permanece muerto! ¡Y nosotros lo hemos asesinado! (...) no ha existido jamás una acción más grande: ¡todos aquellos que llegarán después de nosotros pertenecerán, en virtud de esta acción, a la historia más alta que jamás haya existido hasta el día de hoy! En ese momento el hombre loco dejó de hablar y dirigió su mirada a sus oyentes: También ellos callaron y lo miraban asombrados. Finalmente arrojó su linterna, que se rompió y se apagó. "Llego demasiado temprano -continuó- todavía no es mi tiempo. Este enorme advenimiento está todavía por la calle, está haciendo su camino: no llegó aún a los oídos de los hombres. El rayo y el trueno necesitan tiempo, la luz de las constelaciones necesita tiempo, las acciones necesitan tiempo, aún después de haber sido realizadas, para que sean vistas y escuchadas (...)" Se cuenta que ese mismo día el hombre loco hizo irrupción en algunas iglesias y que allí entonó su requiem aeternam Deo. Expulsado e interrogado, se dice que se ha limitado a responder sin variación de este modo: "¿Qué son las iglesias sino las tumbas y los sepulcros de Dios?"

Dios ha muerto, pero no debe entenderse el fragmento como una simple expresión atea de Nietzsche. Dentro del pensamiento del filósofo alemán Dios simboliza todo el mundo suprasensible, que desde Platón se había concebido como fundamento de lo real.

Nietzsche nos quiere decir que el hombre moderno ha devastado su paraíso de esencias. La muerte de Dios, es justamente la ausencia de fundamento, la imposibilidad de hablar de ahora en delante de Unidad, de unidad de la verdad, de Bien, de bello, de naturaleza o realidad única y primera, de causalidad y finalidad. Es el nihilismo. No hay más valores supremos, cosas en sí, fines y sentido último de las cosas. Platón, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y sus filosofías se han convertido en piezas de museo, objetos de anticuario.

Nietzsche no quiere ese presente, sólo constata, cual médico, la enfermedad de la que padece el hombre. En ese sentido, no es nihilista, pues en esta circunstancia el hombre se halla en un estado decadente, llenando el cuenco de ídolos. Muy lejos se halla Nietzsche, entonces, de los ideólogos nazis, como de los comunistas. 

Podemos decir que a la muerte de Dios sigue la constatación de que el proyecto moderno ha fracasado. Aquel en el cual el hombre era el centro del mundo, la medida de la verdad. Pero Nietzsche va más allá, cree que lo que ha fracasado en realidad es el proyecto civilizatorio occidental. Sólo una transmutación de valores, una crítica y refundación de los mismos nos entregará otra vez a los hombres libres, superhombres en realidad, creadores de valores, y tal vez entonces, como piensa Heidegger, vuelva Dios.

Creemos que en la extensión a todo el mundo occidental yerra Nietzsche, y las razones están en la lectura que hizo tanto de Aristóteles como de Platón. A él llegó un Platón mediado por la crítica, equivoca, de Aristóteles, y entonces, con el nominalismo moderno que explota la Unidad en miles de partículas, la emergencia del yo como unidad imaginada, la crítica kantiana a la metafísica y el surgimiento de los ideales, fundamento de la moral moderna, Nietzsche considerará la insuficiencia del discurso metafísico, del discurso racional moderno, pero más aún del discurso, el logos es sospechoso. Por eso Nietzsche va más allá, el superhombre será un hombre que se ha superado a sí mismo, y en este sentido sí es nihilista, pues pretende la desaparición del mismo cuenco, del mismo hombre: la región de las ideas ha quedado intacta a pesar de la decadencia de las ideas mismas, la voluntad de poder volverá a llenar esa región con ídolos, ideologías, y nos hallaremos ante un Nihilismo incompleto. Será preciso precipitar la muerte de los valores, su transmutación, la muerte del hombre en suma para que el nihilismo sea completo. Más esto toma tiempo: "llego demasiado temprano...todavía no es mi tiempo".

Por ello dice bien Giovanni Reale, que lo que tenemos ahora no son más que las máscaras del Nihilismo incompleto. Se trata de valores que nos arrastrarían en camino irreversible hacia la nada, a pesar de venir con promesas de "salvación" o "libertad". Reale los resume en el siguiente orden:

1. "El cientificismo y el redimensionamiento en sentido tecnológico de la razón del hombre.

2. La ideología absolutizada y el olvido del ideal de verdad.

3. El pragmatismo, con su exaltación de la acción por la acción misma y el extravío del ideal de la contemplación.

4. La proclamación del bienestar material como sucedáneo de la felicidad

5. La difusión de la violencia

6. La perdida del sentido de la forma

7. La reducción del eros a la dimensión física y el olvido de la "escala de amor" platónica (y del amor verdadero)

8. La limitación del hombre a una única dimensión y el individualismo llevado al exceso

9. La pérdida del sentido del cosmos y del fin de todas las cosas

10. El materialismo en sus formas más variadas y el olvido del ser relacionado con este."

La consecuencia del nihilismo ya lo hemos dicho es la muerte del hombre. Y el hombre en un sentido debe morir, en el sentido en que al morir el hombre viejo nace el hombre nuevo, el hombre sin Dios cede el paso al hombre que centra su vida en Dios. Más la salida postmoderna, que tiene en Nietszche su plataforma giratoria ha optado por deconstruir, desestructurar, la idea de Hombre. Para ellos el Hombre es una imagen trazada en la playa pronta a desaparecer; no habiendo verdad, substancia o naturaleza ¿cómo hablar de El Hombre, de sus derechos? ¿En nombre de qué hombre?

La eliminación del ser y de la verdad en sentido unitario, supone el relativismo, el pluralismo cultural. No hay más esencia. Sólo la realidad de la libertad de las partículas atómicas y separadas con igualdad de derechos, en virtud de la igualdad de fuerza que cada uno de los átomos comporta. 

Maritain lo sabía. Sabía que a la raíz de todo totalitarismo se halla este pluralismo cuasi material. A propósito de los cristianos que reniegan de la idea de una política cristiana nos dice: "muchos que se creen "realistas" no son en realidad más que empiristas y nominalistas(...)toda su política está circunscrita por cortes instantáneos hechos en el tiempo, se desenvuelve en instantes separados, se basa en abstracciones" 

Pero entonces, ¿existe tal unidad perdida? ¿Cómo restablecer el logos del ser? ¿Hay una verdad de lo real? Maritain tuvo sed de verdad, y de verdad absoluta, por ello le fascinó en principio la filosofía bergsoniana, pero su encuentro con Cristo y luego con Santo Tomás de Aquino nos pueden indicar el camino.

Lamentablemente no es el momento para resolver el problema de la unidad del ser en la filosofía de Santo Tomas de Aquino, ahora sólo podríamos apuntar que nos parecen acertadas aquellas teorías que ven más de Platón en el aquinate que de Aristóteles. Lo cual supone algunas tareas para el pensamiento. Habría que distinguir en la crítica Nietzscheana lo cuestionable propiamente, el nihilismo, y fundamentar que ésta deja intacto el fundamento metafísico de Santo Tomás de Aquino y Platón. Así mismo, señalar el platonismo presente en pensamiento del santo, como descubrir la base equivoca de la metafísica aristotélica, que a nuestro juicio tiene más que ver con Meliso y Zenón incluso que con los atomistas. Pero de mayor importancia para lo que ahora expresamos sería saber si Maritain al hablar desde la unidad del ser lo hace salvándola de la crítica nihilista, es decir, si el ser del que habla Maritain no es un ideal más que llena el cuenco vacío. Esto significaría el restablecimiento de la posibilidad de hablar de Una verdad, de Una finalidad, de Un orden de lo Real.

Si bien esta tarea es compleja a ella se vinculó de alguna manera Maritain cuando descubrió a Jesucristo. ¿Quién es Jesús de Nazaret?

Un hombre humilde, judío, carpintero y maestro. Verdadero hombre. Más hijo de una virgen llamada María, concebido por el espíritu santo, que devolvió la vista a los ciegos, curo leprosos, convirtió el agua en vino, que murió injustamente y resucitó. Que está vivo, y se halla presente en la eucaristía. Verdadero hombre y verdadero Dios. Este es el núcleo de nuestra fe.

No creo que haya noticia más escandalosa que esta. Que un hombre sea Dios o que Dios se halla hecho hombre. Ni Sócrates, o Platón o Aristóteles lo habrían imaginado. Los dioses estaban muy cerca de los hombres, hasta llegaron a convivir con ellos, pero seguían siendo dioses. Ni si quiera Sócrates, inmortalizado por su actitud filosófica, llegó a ser Dios sino a vivir con los dioses. Pero éste Jesús se hizo uno como nosotros, revelándose así como el camino, la verdad y la vida. ¿Cómo llegamos a él? No hay un camino establecido pero si hay un camino para cada uno. Y Maritain siguió por el suyo. Sobre esta roca firme estableció su filosofía del hombre y de la política. Y esta es la razón de por qué recurre a Santo Tomás de Aquino, pues el ser, el principio aquí es Dios, la Santísima Trinidad.

Una distinción es necesaria al principio de esta filosofía política. Ella parte del texto evangélico que dice: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" Es preciso pues distinguir el orden temporal -del César- del orden Espiritual - de Dios: "El orden de la cultura o de la civilización aparece, pues, como orden de las cosas del tiempo, como orden Temporal. Mientras el orden de la fe y de los dones de la gracia, por referirse a una vida eterna que es participación de la vida íntima de Dios, constituye por oposición, un orden al cual conviene por excelencia el nombre de Espiritual" 

Pero además, hay una subordinación del temporal al espiritual en virtud de que Dios es principio, pero también fin del orden temporal. Y he aquí que aparece la Iglesia como pueblo de Dios en el orden temporal, y que no se identifica con el mundo. Así, se diferencian: a) El Reino de Dios, que es lo que viene después del tiempo, pero que es preparado por el tiempo, b) La iglesia, que es ya este reino pero en peregrinación y velado, y c) el mundo propiamente dicho, que está en el tiempo, y es del tiempo, y donde "el demonio tiene su parte". Maritain explica esta triple formación: "Para el Cristianismo, la verdadera doctrina del mundo y de la ciudad temporal es que son a la vez el reino del hombre, de Dios y del Diablo (...) el mundo es un campo cerrado que pertenece a Dios por derecho de creación; al diablo por derecho de conquista, a causa del pecado; a Cristo, por derecho de victoria sobre el primer conquistador a causa de la pasión. La tarea del cristiano es disputar al diablo su dominio, arrancárselo; en ello debe esforzarse y sólo en parte lo logrará mientras dure el tiempo. El mundo está salvo, sí; liberado en esperanza, en marcha hacia el reino de Dios; pero el mundo no es santo, la iglesia es la que es santa."

En esta disputa con el diablo el hombre se realiza políticamente. Estamos en guerra, el enemigo tiene muchos rostros pero su nombre es el mismo: Satanás. Primer elemento diferencial respecto del totalitarismo: los enemigos nunca son otros seres humanos, por más antagónicas que sean sus posiciones respecto de las nuestras.

Quiero destacar esto a propósito del concepto de lo Político de Carl Schmitt. Para el que fue ideólogo del partido nazi lo político se define en la oposición amigo-enemigo. El otro es una fuerza, amiga o enemiga, discreta, distinta, con igual potencial, desconocido, sospechoso, en un mundo de intriga y desconfianza. Pero gracias al cual se construye la identidad de lo propio. La relación es siempre de oposición, pero delata la naturaleza de este plexo relacional: se trata de átomos-fuerza, en un mundo que no puede ser sino el de la discontinuidad: un mundo que ya no puede mantenerse unido, que se disloca, que ya no se cierra y que está más cercano a la incertidumbre, al caos y a la contingencia. Un mundo al cual se pertenece sin pertenecerle.

La consecuencia de partir de este pluralismo o atomismo que como ya vimos tiene que ver con la muerte de Dios, es el avasallamiento del otro. Pues la misma "paz" esta condicionada a que el otro del amigo permanezca dentro de su dominio, de su conocimiento y de su control. 

Ya no es el nazismo o el comunismo el estandarte del totalitarismo, pero la muerte de Dios ha convertido a los hombres en enemigos, de modo que el totalitarismo persiste aunque sea invisible, económico o tecnológico. A pesar nuestro el mundo está en riesgo de una guerra nuclear, la economías no son más locales sino que se inscriben en el marco en que los que gobiernan no ejercen su poder, o es limitado, y ni que decir del margen de elección que tiene el individuo cualquiera, el trabajador.

La política para Maritain tiene un presupuesto distinto. Permite relaciones de amistad, claras, por tener por fundamento la Unidad, que ni siquiera es temporal sino espiritual. Y es que la Unidad misma es la amistad. El amor como relación fundamental. Lo que une a la trinidad que es la comunidad espiritual, análogamente, une a los hombres en la comunidad temporal: "la unidad de la comunidad temporal es esencialmente y por naturaleza una simple unidad de amistad"

De esto se desprende la idea de algo común como meta política del todo social: "En este caso habrá de admitir que el ejercicio político de la justicia y de las demás virtudes morales, aunque pueda ocasionar momentáneamente sufrimientos y pérdidas, tiene en definitiva que conducir al bien común de la ciudad, que normalmente implica cierta prosperidad en ella .

Pero la acción política no busca sólo arrebatarle al diablo este mundo, sino que prepara la llegada del reino, en ese sentido Maritain nos habla del Ideal histórico de una nueva cristiandad. Nueva pues, la distingue del ideal medieval, el punto divergente fundamental es la diferencia que hace de lo sacro y lo profano. El cristiano está llamado a santificar la vida profana. Y esta precisa de la aceptación de lo diverso, de la diferencia. Es el suyo por ello un humanismo integral.

Se entenderá que el ideal no tiene que ver con los ideales modernos de sociedad, frutos de la razón, o fundamentos de su proyección moral en el mundo. Este ideal tiene más de la idea platónica de Bien que de los ideales kantianos: "lo que llamamos un ideal histórico concreto, no es un ente de razón, sino una esencia ideal realizable (...) esencia capaz de existencia... (relativo al clima histórico)"

La relativización a la que se alude se entiende a partir del hecho de que el ideal nunca será completamente realizado.

Y ¿Cuál es el ideal? En primer lugar presenta un aspecto comunitario y personalista. El político cristiano buscará el bien común como ya dijimos, el cual "es diferente de la simple suma de los bienes individuales, y superior a los intereses del individuo en cuanto este es parte del todo social. Este bien común es, esencialmente, la recta vida terrenal de la multitud reunida, de un todo constituido por personas humanas.(...) ese bien común temporal no es fin último. Está ordenado a algo mejor: al bien intemporal de la persona, a la conquista de su perfección y de su libertad espiritual"

La sociedad es como un todo en que cada parte es parte del todo, como el cuerpo en el que la mano mientras se halla ligada al cuerpo es mano, funciona como mano, siendo útil a otras partes y dependiendo de otras para funcionar mejor, como los ojos por ejemplo. No decimos aquí que la sociedad es un cuerpo sino que es como un cuerpo. Este pequeño matiz diferencia la posición aristotélico-tomista de la utilitarista.

Por otro lado, el ideal es personalista, porque "es esencial al bien común temporal el respetar y servir los fines supratemporales de la persona humana" En este sentido es interesante observar como Santo Tomás es invocado para comprender mejor el valor absoluto de la persona: "Cada persona singular, nos dice Santo Tomás, cada persona humana es respecto a la comunidad como la parte respecto al todo: por ello a título de tal, está subordinada al todo". En esta subordinación observa Maritain el carácter de individuo del ser humano. Y agrega: "Más he aquí inmediatamente, el complemento indispensable del primer texto para poner las cosas en su punto: el hombre dice también santo Tomás, tiene en sí una vida y bienes que sobrepasan la ordenación a la sociedad política: homo non ordinatur ad communitatem politican se totum et secundum aomnia sua; ¿y por qué? Por ser Persona." Maritain explica que es la vocación eterna, su ligazón con Dios, lo que en las personas domina y encauza la obra común que realizan en tanto partes del todo social. Primero, soy persona por ser hijo de Dios, y esta naturaleza mía no se realiza sino en la comunidad temporal.

Maritain insiste en el valor de la unidad, lograda por la amistad, que es la relación primordial entre los hombres, para la consecución del bien común, explicando el sentido de la persona como parte: "Es preciso decir que siendo el bien común temporal un bien común de personas humanas, por ello mismo, cada una, subordinándose a la obra común, se subordina a la realización de la vida personal de las otras, de las otras personas. Pero esta solución no puede adquirir un valor práctico y existencial más que en una ciudad donde la verdadera naturaleza de la obra común sea reconocida, reconociendo al mismo tiempo, como Aristóteles lo había previsto, el valor y la importancia política de la amistad fraterna"

O como dice líneas arriba: "la obra común no aparecerá como una obra divina realizable por el hombre de la tierra, sino como una obra humana por realizar en la tierra, merced a la penetración de una cosa divina, el amor, en los medios humanos y en el trabajo humano" La unidad es principio, de ahí procedemos como criaturas de Dios, meta, pues ordena la labor humana al bien común, y causa, pues es posible lograr esa meta por el amor que es Dios y puso Dios en cada persona, para trascenderse a sí misma, y al trascenderse cooperar con el otro en la realización del ideal, de la Unidad.

Tenemos entonces al principio una unidad amorosa, que no es otro que Dios, un ser análogo al suyo que es la persona, influida por este amor, y por tanto miembro de una totalidad, la comunidad, la cual por esta unidad amorosa puesta en cada persona tiende al bien común.

De este presupuesto se desprenden una serie de consecuencias para la mejor configuración del Ideal de comunidad cristiana.

Esta comunidad será entonces "pluralista": "la sociedad civil, nos dice Maritain, no se compone únicamente de individuos, sino de sociedades particulares formadas por ellos; y una ciudad pluralista reconocerá a estas sociedades particulares una autonomía tan amplia como sea posible (...)" 

No podemos pasar por alto que el concepto de Pluralismo está ligado al de autonomía. Para Maritain ser autónomos es sinónimo de ser libres. No se trata de la autonomía lograda por la razón en el sujeto al modo kantiano. Y la libertad no se reduce, entonces, a ser un ideal de esta razón. Más bien, la libertad le viene al hombre como un don, antes que sea un logro suyo, un don que exige sin embargo perfeccionarse. La persona al buscar la verdad, al trascenderse a sí misma, al encontrarse en el otro, con el otro, y reconocer su diferencia, lo que le lleva a reconocerse, va perfeccionando su autonomía, crece espiritualmente, y por tanto ejerce mejor su libertad. No se trata de una concepción de libertad como ausencia de obstáculos. Se trata de una libertad como reconocimiento de uno mismo "en relación con". La libertad se realiza, porque lo que se realiza es la naturaleza de la persona, y esta se incluye e incluye al otro en la totalidad armoniosa, único espacio para realizar la libertad.

Así, nos dice Maritain: "una ciudad cristiana, en las condiciones de los tiempos modernos habrá de admitir que dentro de ella los infieles vivan como los fieles y participen en el mismo bien común temporal" Es decir, la libertad de culto es fundamental para la convivencia pacifica de los hombres. Pero el encuentro de culturas y religiones diversas exigirá el perfeccionamiento del derecho natural y del derecho cristiano, teniendo como meta y fundamento a la persona, y su finalidad en este mundo. De modo que no teniendo mejor medida que Dios, los hombres habrán de elegir dentro de lo elegible el mal menor.

Ni una imposición totalitaria desde el estado, ni un estado "neutro" como el de los liberales, sino un estado fundado en la libertad, que ilumina a la ley, y que viene de Dios. Así lo expresa Maritain: "Una ciudad terrenal que, sin reconocer a la herejía un derecho propio, asegure al hereje sus libertades de ciudadano y aun le conceda un estatuto jurídico apropiado a sus ideas y costumbres - no sólo para evitar la discordia civil, sino también por respetar y proteger en él la naturaleza humana y las reservas de fuerzas espirituales que habitan en el universo de las almas-, favorecerá menos, sin duda, que una ciudad no tan paciente con la vida espiritual de las personas, en el aspecto del objeto de esa vida, por rebajar (aunque no tanto como la ciudad neutra del liberalismo) el nivel de prudencia y de virtud por debajo del cual el cuerpo social no tolera el mal o el error, pero favorecerá más la vida espiritual de las personas en el aspecto del sujeto, cuyo privilegio de extraterritorialidad respecto a lo social terrestre -a título de espíritu, capaz de ser instruido interiormente por el autor del universo- resulta elevado a más alto nivel."

Así el orden social debe salvaguardar otra vez, a la persona como sujeto y fin de tal orden. Se trata de "defender a la persona contra la colectividad corporativa", de subordinar la máquina o la técnica al hombre, así como las mismas leyes.

El sentido de la propiedad privada, del mismo modo, se ve afectado. Nos dice Maritain: "en atención al destino primitivo de los bienes materiales para la especie humana y a la necesidad que cada persona tiene de esos medios para poder dirigirse hacia su fin último, el uso de los bienes individualmente apropiados debe por sí servir al bien común de todos." Y más adelante: "el problema no consiste en suprimir el interés privado sino en purificarlo y ennoblecerlo, aprehenderlo en sus estructuras sociales ordenadas al bien común, y también ( y este es el punto capital) transformarlo interiormente por el sentido de la comunión y de la amistad fraterna."

Llegamos así al concepto de democracia. Este régimen no es el único en el que Dios es fundamento de la autoridad. Pero históricamente es el que ahora nos compete toda vez que ha pasado el tiempo del "Príncipe". Dios es la fuente de la autoridad, Él da el poder, pero no por ello es sagrado el órgano gubernativo. "una vez designados reside en ellos la autoridad, pero en virtud de un cierto consensus, de una libre determinación vital de la multitud de la que son personificación y vicario" Santo Tomás de Aquino en este sentido nos recuerda la no obligatoriedad de las leyes humanas ahí cuando sean contrarias a la ley divina. En esto han encontrado los estudiosos principios para el regicidio, Maritain encuentra mas bien la identidad de la verdadera democracia con el gobierno cristiano. No es simple igualdad y libertad de átomos heterogéneos y excluyentes, son igualdad y libertad humanas que proceden de Dios. Derechos fundamentales del hombre, sujetos a al deber de cumplir con la ley divina.

En este sentido, y para finalizar, ¿cuál es la misión del cristiano en la política? En principio requerirá de un armazón conceptual de principios que buscarán la aplicación a los problemas sociales temporales. Estos ya se han establecido y la Iglesia continúa en marcha a su perfeccionamiento y aplicación, son los principios de la doctrina social de la Iglesia.

La conciencia de estos principios necesariamente llevará al cuestionamiento de los valores establecidos. Es decir, a la subversión del nihilismo incompleto al cuál ya hicimos referencia, pero no para terminar anulando al hombre, sino para descubrirlo en su real dimensión espiritual. Un saber que es algo que se ejerce antes que algo que se tiene.

Pero es fundamental recordar que esta labor exige el compromiso no de un hombre cualquiera, sino de aquel que asuma su llamado a la santidad. Un héroe, un peregrino en este mundo: "esta ciudad (la cristiana) es una sociedad no de gentes instaladas en moradas definitivas, sino de gentes en camino"

Un peregrino finalmente que es consciente del "desierto" en el que se halla - y al que ya aludimos- y que sabe que es lo único que tiene para empezar a caminar: "Para la comunidad cristiana- nos dice Maritain- hay dos peligros inversos, en una época como la nuestra: el peligro de no buscar la santidad sino en el desierto, y el peligro de olvidar la necesidad del desierto para la santidad, el peligro de encerrar exclusivamente en el claustro de la vida interior y de las virtudes privadas el heroísmo que debe ofrecer al mundo, y el peligro de concebir a éste - cuando desborda sobre la vida social y se aplica a transformarla- como lo conciben sus adversarios materialistas, pervirtiéndolo y disipándolo en un tipo de heroísmo absolutamente exterior. El heroísmo cristiano no tiene las mismas fuentes que los otros, procede del corazón de un Dios flagelado y escarnecido, crucificado fuera de las puertas de la ciudad".