Jueves, 23 Noviembre 2017

Había una vez un circo

A nuestro Papa le gustan los cuentos para ayudar a digerir sus densas reflexiones, así que vamos a comenzar con uno de ellos, inserto en el Prólogo de su Introducción al cristianismo . Harvey Cox en "La ciudad secular" cuenta cómo un circo danés fue preso de las llamas. El director del circo envió a un payaso, preparado para actuar, para que pidiese auxilio y que acudiesen con urgencia al circo para extinguir el fuego que podría abrasarles a ellos mismos. Los aldeanos, sin embargo, creyeron que se trataba de un excelente truco para ir a la función, aplaudieron y hasta lloraron de risa. Sin embargo, al payaso le daban ganas de llorar y en vano les persuadió. Los aldeanos aumentaban las carcajadas, hasta que por fin las llamas llegaron a la aldea y el circo y la aldea fueron consumidos por las llamas

Y me parece oportuno comenzar con esta anécdota al hablar de lo social porque con frecuencia se percibe que la DSI (Doctrina Social de la Iglesia) no pisa tierra o no logra comunicar totalmente su gran potencialidad. La aldea global de nuestro planeta tierra arde en llamas consumido por miles de problemas y la DSI se presenta generoso cual bombero voluntario o payaso circense angustiado para sofocar el incendio sin lograr más que risas burlonas por creer que su mensaje tiene poco de real. De hecho, las dos instrucciones acerca de la teología de la liberación salen en defensa de la DSI, reivindicando su perenne actualidad Así, en Libertatis nuntius de 6 Agosto 1984 se llega a constatar que "La doctrina social de la Iglesia es rechazada con desdén. Se dice que procede de la ilusión de un posible compromiso, propio de las clases medias que no tienen destino histórico" La nota dejaba muy claro que "de ninguna manera debe interpretarse como una desautorización de todos aquellos que quieren responder generosamente y con auténtico espíritu evangélico a "la opción preferencial por los pobres". Tampoco quería ser pretexto para quienes se atrincheran en una actitud de neutralidad y de indiferencia ante los trágicos y urgentes problemas de la miseria y de la injusticia. Lo que buscaba, era precisamente , iluminar la doctrina para luchar con más eficacia . "Al contrario, obedece a la certeza de que las graves desviaciones ideológicas que señala conducen inevitablemente a traicionar la causa de los pobres. Hoy más que nunca, es necesario que la fe de numerosos cristianos sea iluminada y que estos estén resueltos a vivir la vida cristiana integralmente, comprometiéndose en la lucha por la justicia, la libertad y la dignidad humana, por amor a sus hermanos desheredados, oprimidos o perseguidos. Más que nunca, la Iglesia se propone condenar los abusos, las injusticias y los ataques a la libertad, donde se registren y de donde provengan, y luchar con sus propios medios, por la defensa y promoción de los derechos del hombre, especialmente en la persona de los pobres".

Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI han promovido en todo momento el relanzamiento de la DSI a través de su rico magisterio con audacia y profundidad. Dos buenas muestras las tenemos en el Compendio de doctrina social de la Iglesia y en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica . Pensemos que en tales documentos el Papa actual ha tenido un protagonismo decisivo. En este reciente y popular documento se indica que la DSI:" como desarrollo orgánico de la verdad del Evangelio acerca de la dignidad de la persona humana y sus dimensiones sociales, contiene principios de reflexión, formula criterios de juicio y ofrece normas y orientaciones para la acción" Nº 509.

Antes de entrar en el tema que nos convoca, para contextualizarlo y ubicarnos debidamente, creo conveniente partir del legado de Juan Pablo II; continuar con la vida y obra de J. Ratzinger, para centrarnos por último en su vocación como Papa, su riguroso y amplísimo pensamiento teológico, y culminar en los rasgos más importantes acerca de sus estudios sobre la DSI. No olvidemos que muchos de los documentos del Papa Juan Pablo II fueron revisados por el actual Papa, tanto desde su condición de teólogo amigo así como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

No soy especialista ni en el Papa ni en Doctrina Social de la Iglesia por lo que no me encuentro en condiciones de brindarles la síntesis o el esquema de pensamiento papal acerca de la DSI. He aceptado con mucho gusto el desafío de presentarme ante ustedes, llevado de mi compromiso con el Perú y con la Iglesia, y con el fin de brindarles pistas de lectura y reflexión así como acoger sugerencias para conocer más de cerca al Papa actual, su pensamiento social y la urgente necesidad de aplicar la DSI a nuestra sociedad. Para el presente artículo he leído varios de sus libros, la mayoría de los artículos en internet (www.zenit.org, www.aciprensa.com, www.arvo.net , www.interrogantes.net , www.conoze.com , www.vatican.va , www.solidariad.net), los mensajes de Radio Vaticano, la crónica de su visita a Perú. Aunque todavía no disponemos de una encíclica o documento elaborado al respecto, sí que podemos espigar textos de su rico magisterio para acercarnos a su pensamiento social. Basta con asomarse a los discursos pronunciados como en su visita a Perú o en las audiencias permanentes a los obispos y jefes de Estado para constatar sus alusiones permanentes a la DSI y al compromiso social. Así lo muestra en la homilía con ocasión de la Confirmación en la iglesia parroquial de Urubamba (23 de Julio 1986), en la que anima a los adolescentes que el sacramento de "la confirmación es también la superación. de todos los confines.para llegar a ser verdaderamente "católicos"; para vivir, pensar y obrar con la Iglesia universal. Esto debe desarrollarse como ejemplo de nuestra responsabilidad hacia los pobres del mundo entero".También en aquellas fechas declaró a Testimonio (Junio 2005, p.33) que la DSI "es una gran herencia ética moral y social de la SE elaborada por el curso de los siglos en la experiencia cristiana y recientemente muy elaborada en la enseñanza de los SSPP. Es una síntesis por un lado de un ethos, de una moral revelada y por otra parte de la reflexión sobre las experiencias de nuestro tiempos"

I. LA REPERCUSIÓN HISTÓRICA DEL PAPA JUAN PABLO II

Sigue presente en Perú el vivo recuerdo de las entrañables visitas del Papa. El Campo Marte de Lima, entre otros, alberga en el colorido de sus mosaicos la creatividad afectiva de las regiones del Perú profundo. Calles, colegios, monumentos, distritos, personas, llevan su nombre.

1. Sus aportes

G. Weigel -biógrafo del Papa- destacará que "Juan Pablo II ha renovado decisivamente el papado para el siglo XXI, recuperando y renovando la primacía evangélica del oficio de Pedro del primer siglo de la Iglesia" convirtiéndolo en "el más consecuente desde la Reforma del siglo XVI" . Sus ocho grandes contribuciones o hitos son: la renovación del papado, la puesta en práctica en su totalidad de la doctrina del Concilio Vaticano II, el desmoronamiento del comunismo, la clarificación de los retos morales a los que se enfrenta la sociedad libre, la impronta del ecumenismo en el corazón del catolicismo, el nuevo diálogo con el judaísmo, la redefinición del diálogo interreligioso y la inspiración personal que ha cambiado incontables vidas. Tras dieciséis años de estudios sobre la persona y escritos del Papa, así como de cuatro buceando en su mundo interior, el mejor biógrafo del Papa, concluye "es un hombre que se ha esforzado muchísimo por ofrecer a las personas de su tiempo los instrumentos necesarios que hacen que vivamos la vida de una manera digna".

En otra biografía más desenfadada y crítica, C. Bernstein-M. Politi se le reconoce el ser un firme baluarte de la unidad del ser humano y portavoz de valores universales:

"El mundo sabe que es el último de los gigantes en el escenario internacional, que no hay otros grandes heraldos de una visión o principio universal...Juan Pablo II ha quedado casi solo predicando la dignidad del trabajador y la ayuda para los desempleados, urgiendo la reconciliación y la solidaridad entre los diversos segmentos de la sociedad y exhortando a las naciones ricas a preocuparse por los países asfixiados por la pobreza y la deuda externa... De repente, en un escenario mundial dominado por profundas divisiones económicas, nacionales y religiosas, el Papa se destaca como el único vocero internacional de valores universales. Ofrece un Evangelio de salvación y esperanza a la luz de los nuevos ídolos: el egoísmo tribal, el nacionalismo exacerbado, el fundamentalismo fieramente sectario y violento, las ganancias sin preocupación alguna por la calidad de la vida humana"

Quiso, y en parte lo consiguió, dar confianza, seguridad, esperanza a todo el género humano. Jorge Basadre, tan recordado en Perú por conmemorar su centenario- e n su obra Perú vivo (Lima 1966) nos dará la solución concreta:"lo que realmente importa, en la vida y en la obra, es ser uno leal consigo mismo, proceder de acuerdo con el fondo ´insobornable´que todos llevamos dentro. `Cita a G.K. Chesterton, quien, al caracterizar a Santo Tomás Moro, parece describir a Juan Pablo II:"era, por encima de todo, un hombre histórico: él representó a la vez un tipo de hombre, un momento crucial y un destino último. Si no hubiera existido este singular hombre en aquel particular momento, toda la historia hubiera cambiado de rumbo".

El popular periodista sacerdote José Luis Martín Descalzo en el programa televisivo "Cinco papas del Siglo XX" destacó los tres saltos dados en el cónclave de octubre de 1978 que eligió a K Wojtyla: Un papa no italiano, el anterior -555 años- fue Adriano de Utrech, preceptor del emperador Carlos V; un papa joven, 58 años; un papa del Telón de Acero, de la Europa comunista. Un Papa que ha ido respondiendo -uno a uno- a los inquietantes desafíos de este cambio de época entre los dos milenios. Con razón se le ha llamado el Papa Magno: Si para la Edad Antigua, frente a los bárbaros tuvimos a San León Magno; para la Edad Media, frente al siglo de hierro eclesial, surgió San Gregorio Magno; para la Edad Moderna, con la Reforma Católica, San Pío V; para nuestro tiempo de relativismo y pesimismo, Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI son testigos del esplendor de la verdad y el campeón de la lucha por la vida, la paz y la solidaridad.

2. Contribuciones sociales

Respecto a lo social, el entonces Cardenal Ratzinger, en su charla Las catorce encíclicas del Santo Padre Juan Pablo II (Roma, 10 de mayo 2003) dirá que "Las tres grandes encíclicas sociales aplican la antropología del Papa a la problemática social de nuestro tiempo. Juan Pablo II subraya la primacía del hombre sobre los medios de producción, la primacía del trabajo sobre el capital y la primacía de la ética sobre la técnica. En el centro está la dignidad del hombre, que es siempre un fin y jamás un medio. A partir de aquí se esclarecen las grandes cuestiones actuales de la problemática social en contraposición crítica tanto con el marxismo como con el liberalismo. Particular interés ha demostrado por la América Latina desde aquel discurso inaugural de Puebla (1979) donde recabó la verdad sobre el hombre, sobre Cristo, sobre la Iglesia, hasta sus orientaciones luminosas sobre la Teología de la Liberación, bien a través de los decretos de la Congregación para la Doctrina de la Fe o sus repetidos y cercanos viajes .

Por su parte, Monseñor J. Cordes, presidente de Cor Unum, al estudiar La doctrina social de Juan Pablo II. ¿Sujeto colectivo o mediación antropológica? rescata en el Papa su búsqueda "de fomentar la dignidad del hombre, en la convicción de que, aun después del pecado original, existe un orden de convivencia social inherente en la predisposición social del hombre, es decir, querida por Dios" (Revista Palabra nº 495, IV-05, p.20). Sus cuatro logros serían: La dignidad del hombre basada en su condición de persona. La base de la personalidaddel hombre es su relación con Dios; por eso, estamos llamados y capacitados para la libertad, la responsabilidad y la devoción hacia Dios. De la condición de persona surge la unión entre el individuo y la sociedad, que se basa en el principio de solidaridad. El fin de toda actividad es el bien común, cuya consecución se trata por las normas. Un claro principio es el de la subsidiariedad.

3. Amigos entrañables

Queda evidenciada -además de los numerosos gestos- en la Carta del Papa Juan Pablo II al Cardenal Joseph Ratzinger en el 50º aniversario de su Ordenación Sacerdotal (Vaticano, 20 de junio de 200)

A mi venerable hermano, Cardenal Joseph Ratzinger Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

Con profundo gozo, Su Eminencia, le ofrezco un caluroso saludo y los más fervientes buenos deseos en el alegre evento del 50º aniversario de su ordenación sacerdotal. La coincidencia de este día jubilar con la solemnidad litúrgica de los santos Apóstoles Pedro y Pablo evoca en mi espíritu la visión de amplios horizontes espirituales y eclesiales: la santidad personal llevada hasta el sacrificio supremo, la proyección misionera no separada de la preocupación constante por la unidad, la necesaria integración entre carisma espiritual y ministerio institucional.

Son horizontes que Usted, venerado hermano, ha explorado con atención en sus investigaciones teológicas: en Pedro resalta el principio de unidad, fundado en la fe sólida como una roca del Príncipe de los Apóstoles; en Pablo, la exigencia intrínseca en el Evangelio de llamar a cada hombre y a cada pueblo a la obediencia de la fe. Además, estas dos dimensiones están combinadas en el testimonio común de santidad que selló la dedicación generosa de los dos Apóstoles al servicio de la inmaculada Novia de Cristo. ¿Cómo no poder ver en estos dos elementos los rasgos fundamentales del camino que la Providencia preparó para usted, Su Eminencia, al llamarlo al sacerdocio?

Sus brillantes estudios filosóficos y sobre todo teológicos y la llamada precoz al papel de docente en las universidades alemanas más importantes deben ser vistos en esta perspectiva de fe. Usted expresó la intención que siempre lo guió en su compromiso de estudiar y enseñar en el lema que escogió con ocasión de su nombramiento episcopal: Cooperatores veritatis. El objetivo por el que siempre se esforzó desde sus primeros años de vida sacerdotal, ha sido servir a la verdad, intentando conocerla cada vez con más profundidad y hacerla más conocida. Fue precisamente la consideración de esta aspiración pastoral la que constantemente marcó su actividad académica la que indujo al venerable Papa Pablo VI a elevarlo a la dignidad episcopal y confiarle la responsabilidad de la gran Arquidiócesis de München und Freising. Fue una transición crucial en su vida, que daría una dirección a los posteriores progresos. Realmente cuando, poco después, el inolvidable mencionado Pontífice lo creó Cardenal, usted se encontró directamente unido a colaborar con la Sede Apostólica. Hace 20 años le pedí colaborar a tiempo completo como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Desde entonces no ha dejado de prodigar sus energías intelectuales y morales para fomentar y tutelar la doctrina sobre la fe y las costumbres en todo el orbe católico (cf. Constitución Apostólica Pastor Bonus, n. 48), mientras alentaba estudios dirigidos a aumentar el conocimiento de la fe para responder convenientemente a los nuevos problemas que surgen del progreso de la ciencia y la civilización, a la luz de la Palabra de Dios (Cf. Ibíd., n. 49). En esta oficina, Su Eminencia, los apóstoles Pedro y Pablo han inspirado su vida sacerdotal y su servicio eclesial de la forma más elevada. Esta alegre ocasión es una oportunidad favorable para mí para reiterarle mi gran gratitud por el impresionante volumen de trabajo desarrollado y dirigido en el dicasterio que se le ha encomendado y, además, por el espíritu de humildad y de abnegación que ha caracterizado constantemente su actividad. ¡Que el Señor prodigue sus recompensas sobre Usted!

En esta ocasión tan significativa para Usted, me gustaría decirle que la comunión espiritual que siempre ha mostrado hacia el Sucesor de Pedro ha sido de gran ayuda en el esfuerzo diario de mi servicio a Cristo y la Iglesia. Por eso rezo al Señor, a través de la intercesión de la Santísima Virgen María, para que le conceda bendiciones celestiales a usted, a su ministerio y a todos sus seres queridos, mientras le imparto una especial Bendición Apostólica de corazón a Usted con un sentimiento de afecto fraternal".

Este afecto extraordinario es recíproco. Basta con leer su entrañable homilía en la Misa de exequias del Santo Padre Juan Pablo II (Abril 2005) , glosando la palabra ¡Sígueme! : "El amor de Cristo fue la fuerza dominante de nuestro amado Santo Padre; quien lo ha visto rezar, quien lo ha escuchado predicar, lo sabe. Y así, gracias a este profundo enraizamiento en Cristo ha podido llevar un peso, que va más allá de las fuerzas puramente humanas: Ser pastor del rebaño de Cristo, de su Iglesia universal"..

Además, las alusiones permanentes, el hecho de incoar el proceso de beatificación. Ha habido una compenetración extraordinaria entre este eslavo y bávaro, el filósofo y el teólogo, el comunicador arrollador y el tímido conversador, pero el mismo espíritu de fe, la misma pasión por la verdad y belleza, el mismo amor a Cristo, a su Iglesia y al mundo, desde María, en diálogo con el mundo contemporáneo. Todo parece providencial para continuar, coronar, completar y mejorar el pontificado de Juan Pablo II.

4. Una Iglesia más valiente

Con el lema «Duc in altum» (Rema mar adentro) Juan Pablo II ha querido lanzar a la Iglesia del nuevo milenio como profecía del futuro. Si en la Tertio millenio adveniente quiso "fortalecer la fe, suscitando un gran anhelo de santidad, un fuerte deseo de conversión y renovación personal en un clima de oración siempre más intensa y de solidaria acogida del prójimo, especialmente del más necesitado" (41), en la Novo millenio ineunte ha querido catapultarla a velas despelegadas. Quiso reunir a todos los cardenales en un extraordinario consistorio para dirigir conjuntamente al mundo un mensjae de urgencia: Con l a mirada fija en Cristo, u na Iglesia más unida, para evangelizar con más entusiasmo y convicción en un mundo globalizado.

Así pudo proclamar Benedicto XVI en la misa de inauguración: "Tengo ante mí, en particular, el testimonio del Papa Juan Pablo II. Deja una Iglesia más valiente, más libre, más joven. Una Iglesia que, según su enseñanza y su ejemplo, mira con serenidad al pasado y no tiene miedo del futuro. Con el Gran Jubileo se ha adentrado en el nuevo milenio, llevando en las manos el Evangelio, aplicado al mundo actual a través de la autorizada relectura del Concilio Vaticano II. El Papa Juan Pablo II presentó justamente ese concilio como «brújula» para orientarse en el vasto océano del tercer milenio".

II. TRAYECTORIA DE BENEDICTO XVI

1. Hitos biográficos

Nació en Marktl am Inn, en la diócesis de Passau (Alemania), el 16 de abril de 1927. El padre, comisario de la gendarmería, provenía de una antigua familia de agricultores de la Baja Baviera. Pasó la adolescencia en Traunstein y fue llamado en los últimos meses de segundo conflicto mundial en los servicios auxiliares antiaéreos.

De 1946 a 1951, año en que fue ordenado sacerdote (29 de junio) e iniciaba su actividad de profesor, estudió filosofía y teología en la universidad de Munich y en la escuela superior de Filosofía y Teología de Freising. En el año 1953 se doctora en Teología con la disertación "Pueblo y casa de Dios en la doctrina de la Iglesia de San Agustín". Cuatro años más tarde obtenía la cátedra con su trabajo sobre "La Teología de la Historia de San Buenaventura".

Tras conseguir el encargo de Dogmática y Teología Fundamental en la escuela superior de Filosofía y Teología de Freising, prosiguió la enseñanza en Bonn, de 1959 a 1969, Münster de 1963 a 1966 y Tubinga, de 1966 a 1969. En este último año pasó a ser catedrático de Dogmática e Historia del Dogma en la Universidad de Ratisbona y vicepresidente de la misma universidad. En 1962 aportó una notable contribución en el Concilio Vaticano II como consultor teológico del cardenal Joseph Frings, arzobispo de Colonia.

El 24 de marzo de 1977, Pablo VI lo nombró arzobispo de München und Freising. El 28 de mayo sucesivo recibía la consagración episcopal. Fue el primer sacerdote diocesano que asumió después de 80 años el gobierno pastoral de la gran diócesis bávara.

Creado cardenal por el Papa Pablo VI en 1977, fue relator en la V Asamblea General del Sínodo de los Obispos (1980) sobre el tema: "Los deberes de la familia cristiana en el mundo contemporáneo" y presidente delegado de la VI Asamblea sinodal (1983) sobre "Reconciliación y penitencia en la misión de la Iglesia".

El 25 de noviembre de 1981 fue nombrado por Juan Pablo II prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Pontificia Comisión Teológica Internacional.

En 1986 fue nombrado doctor en Perú doctor honoris causa por la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. Con motivo de su visita al Perú dejó preciosos mensajes a los teólogos, a los universitarios, al pueblo, sobre la verdad de Cristo, con su magisterio acerca de la auténtica teología de la liberación, sobre Santa Rosa, la religiosidad popular.

El 6 de noviembre de 1998 fue elegido vicedecano del colegio cardenalicio. El 30 de noviembre de 2002 el Santo Padre aprobó la elección de decano del colegio cardenalicio, realizada por los cardenales del orden de los obispos.Fue presidente de la Comisión para la preparación del Catecismo de la Iglesia Católica, que tras seis años de trabajo (1986-1992) pudo presentar al Santo Padre el nuevo Catecismo.

Era miembro del Consejo de la II Sección de la Secretaría de Estado, de las Congregaciones paras las Iglesias Orientales, para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, para los Obispos, para la Evangelización de los Pueblos, para la Educación Católica; del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y de las Pontificias Comisiones para América Latina y "Ecclesia Dei". Últimamente era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Pontificia Comisión Teológica Internacional, decano del Colegio Cardenalicio.

2. Sencillez, apertura y laboriosidad .

Una anécdota nos revela su talante personal: su amabilidad, su espíritu tranquilo, su sencillez, su finura intelectual muy unida a su laboriosidad intelectual. Cuenta el Cardenal Angelo Scola cómo en 1971, en Ratisbona, les recibió Ratzinger a él, joven profesor de Derecho canónico, a dos sacerdotes estudiantes de teología y a un joven editor para ver la posibilidad de sacar una revista italiana de teología, Communio. Les explicó todos los platos del restaurante, especialmente los bávaros y ellos comparaban con los latinos. Después de pedir unos buenos platos, él pidió "lo de siempre". Un sándwich con una limonada. Les quitó el apuro diciendo: "Vosotros estáis de viaje.Si yo como demasiado, ¿cómo voy a poder estudiar después?"

De su talante sencillo y abierto nos hablan dos anécdotas. La primera nos la cuenta el periodista agnóstico alemán Peter Seewald en su libro "La sal de la tierra" le preguntó que cuántos caminos puede haber para llegar a Dios. El Cardenal no necesitó mucho tiempo para responder: "tantos como hombres". La segunda, el teólogo Olegario González de Cardedal; quien le invitó a ver Ávila; el Cardenal le dijo: "Primero visitamos a tu madre y ya tendremos tiempo para ver la ciudad". A los pocos días, los periodistas querían a toda costa interrogar a quien estaba considerado como "martillo de herejes" por ser Prefecto del antiguo tribunal de la Inquisición; el Cardenal no puso ningún reparo y cuando le dijeron que cuáles eran los límites temáticos y de tiempo, él contestó: "pregunten de lo que quieran y cuanto quieran".

3. Su itinerario intelectual

Le tocó diseñarlo a él mismo en el discurso de presentación a la Academia Pontificia de las Ciencias, el 13 de noviembre de 2000, junto al cardenal Carlo Maria Martini, arzobispo emérito de Milán. Destaca de su formación el estudio bíblico y el método histórico-crítico.Su formación se orientó históricamente, y por eso, aunque su área de especialidad fue la teología sistemática, su tesis doctoral y su trabajo posdoctoral presentaron argumentos históricos. La primera se centró en la noción de pueblo de Dios en San Agustín; observando cómo Agustín mantuvo diálogo con diversas formas de Platonismo Al mismo tiempo, Agustín mantuvo diálogo con la ideología romana, especialmente después de la ocupación de Roma por los godos en el 410, y por eso fue muy fascinante para el joven Ratzinger observar cómo a través de estos diferentes diálogos y culturas él define la esencia de la religión cristiana, entendida como la victoria de la razón sobre la superstición. Su trabajo posdoctoral se centró en San Buenaventura y su relación con una nueva idea de historia concebida por Joaquín de Fiore en el siglo XII. Joaquín entendió la historia como la progresión desde un período del Padre (un tiempo difícil para los seres humanos bajo la ley), a un segundo período de la historia, el del Hijo (con más libertad, más franqueza, más fraternidad), a un tercer período de la historia, el período definitivo de la historia, el tiempo del Espíritu Santo. Según Joaquín, éste debió ser un tiempo de reconciliación universal, de reconciliación entre el este y el oeste, entre cristianos y judíos, un tiempo sin ley (en el sentido paulino), un tiempo de verdadera fraternidad en el mundo. El verdadero hallazgo La fue que una significativa corriente entre los franciscanos estaba convencida de que San Francisco de Asís y la Orden Franciscana marcaron el principio de este tercer período de la historia, y fue su ambición actualizarlo.

Posteriormente enseñó en la Universidad de Bonn teología fundamental, eclesiología, historia y filosofía de la religión. De 1962 a 1965 participa en el Concilio Vaticano II como experto; considerándolo como una gracia por vivir la eclesialidad y catolicidad tanto entre obispos y teólogos, como entre continentes, distintas culturas, y distintas escuelas de pensamiento y de espiritualidad en la Iglesia. A continuación, ejerce en la Universidad de Tubinga (Tübingen) donde se beneficia de su teología histórica y ecuménica; pero, en 1968, al darse una explosión violenta de teología marxista, se aleja y se cambia a la nueva Universidad de Ratisbona, donde su hermano era el director del coro de la Capilla de la Catedral, y podría encontrar tiempo tranquilo para desarrollar sui trabajo teológico. De hecho, allí escribió varios libros acerca de la escatología, otro acerca de los principios de la teología, tales como el problema del método teológico, el problema de la relación entre la razón y la revelación, y entre la tradición y la revelación. Cuando comenzaba a desarrollar su propia visión teológica, en 1977 el Papa Pablo VI le nombró arzobispo de Munich, debiendo interrumpir su trabajo teológico. En noviembre de 1981, el Santo Padre, el Papa Juan Pablo II, le pidió que se desempeñara como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la Comisión Teológica Internacional y la Pontificia Comisión Bíblica.Al frente de la misma ha elaborado luminosos documentos acerca de los temas candentes de nuestro tiempo. Las reuniones de la Congregación para la Doctrina de la Fe con obispos y teólogos, destinada a descubrir cómo es posible una síntesis intercultural en el presente sin perder la identidad de la fe ha sido uno de los asuntos prioritarios.

4. Lema, nombre y escudo

Son tres aspectos fundamentales para aproximarnos a su identidad.

SU LEMA. Cooperadores de la verdad

SU NOMBRE. En honor a San Benito y a Benedicto XV. Mons. Cipriano Calderón se explayaba en "L´Osservatore Romano" 6 de mayo del 2005, al recordarnos que el nombre de Benedicto lo había tomado de San Benito, padre de Europa y del monacato, y de Benedicto XV, el Papa de los nuevos tiempos, tras los horrores de la Primera Guerra Mundial. Y se refiere al presente Papa como el Papa evangelizador de los nuevos tiempos. Su programa pontificio se resume en una palabra profética: evangelización, intensa, profunda, amplia, planetaria, anunciar a Jesucristo.

SU ESCUDO. Mons. Andrea CORDERO LANZA DI MONTEZEMOLO lo explica al detalle en www.vatican.va . Tiene figura de cáliz. En el punto más noble del escudo hay una gran concha de color oro, la cual encierra una triple simbología. En primer lugar, tiene un significado teológico: alude a la leyenda atribuida a san Agustín, el cual, al encontrar en la playa a un niño que con una concha quería meter toda el agua del mar en un agujero hecho en la arena, le preguntó qué hacía. El niño le explicó su vano intento, y san Agustín comprendió la referencia a su inútil esfuerzo por tratar de meter la infinitud de Dios en la limitada mente humana. Esa leyenda tiene un evidente simbolismo espiritual, para invitar a conocer a Dios, aunque en la humildad de la inadecuada capacidad humana, acudiendo a la inagotable doctrina teológica. Además, desde hace siglos, la concha se usa para representar al peregrino: un simbolismo que Benedicto XVI quiere mantener vivo, siguiendo las huellas de Juan Pablo II, gran peregrino por todo el mundo. La concha es también el símbolo que se halla en el escudo del antiguo monasterio de Schotten, en Ratisbona (Baviera, Alemania), al que Joseph Ratzinger se siente espiritualmente muy vinculado. En la parte del escudo denominada "capa", en el cantón derecho del escudo (a la izquierda de quien lo contempla) hay una cabeza de moro al natural (o sea, de color marrón), con labios, corona y collar rojos. Es el antiguo símbolo de la diócesis de Freising, erigida en el siglo VIII, que se convirtió en archidiócesis metropolitana con el nombre de Munich y Freising en 1818, después del concordato entre Pío VII y el rey Maximiliano José de Baviera (5 de junio de 1817). Pero el moro en la heráldica de Italia en general lleva alrededor de la cabeza una banda blanca, que indica al esclavo ya liberado, y no está coronado, mientras que sí lo está en la heráldica germánica. En el cantón izquierdo del escudo (a la derecha de quien lo contempla) hay un oso, de color marrón (al natural), que lleva una carga en el lomo. Una antigua tradición narra que el primer obispo de Freising, san Corbiniano (que nació hacia el año 680 en Chartres, Francia, y murió el 8 de septiembre del 730), al realizar un viaje a Roma a caballo, mientras atravesaba un bosque, fue atacado por un oso, que mató a su caballo. El santo obispo no sólo logró amansar al oso, sino que también lo cargó con su equipaje, obligándolo a acompañarle hasta Roma. Por eso, el oso está representado con una carga en el lomo. La simbología es fácil de interpretar: el oso domesticado por la gracia de Dios es el mismo obispo de Freising, y la carga es el peso del episcopado que lleva sobre él. El cardenal Joseph Ratzinger tenía en su escudo arzobispal y cardenalicio el lema: "Cooperatores Veritatis".

5. Su teología

Monseñor Bruno Forte, teólogo, en su artículo "Al servicio de la verdad. La teología eclesial de JR" destaca tres asuntos: "Hacia la Iglesia, En la Iglesia y Por la Iglesia", descubriéndonos el horizonte de su obra teológica y cuán grande ha sido su influjo en la conciencia de la Iglesia del Vaticano II y del posconcilio hasta nuestros tiempos.

Por su parte, Olegario González de Cardedal enfatiza su preocupación por la verdad: la verdad de las cosas, la verdad del hombre, la verdad de Dios. El cristianismo, la fe,la Iglesia, ¿son remanentes agotados de una época pretérita o signos discernibles de una revelación divina? ¿Tienen capacidad para iluminar, liberar, santificar? ¿Cuál es la forma fiel en la que la Iglesia acerca ese evangelio de Cristo a los hombres? Ésas son las cuestiones de fondo que Ratzinger ha querido iluminar como teólogo en Alemania y prefecto de la congregación para la promoción y defensa de la fe en Roma. Ha cumplido una misión esencial a la fe: proponerla, clarificarla y defenderla, como en su día hicieron los apologistas más connotados como San Ireneo Contra los herejes, Newmann Contra los liberales (=los que negaban la revelación divina) y Rahner en su postura frente a Küng. El cristianismo tiene pretensión de verdad; una verdad débil, nacida de un hombre humillado y crucificado que, por tanto, nunca se afirmará desde el poder vulgar, sino desde la potencia que el servicio, el testimonio, la proclamación y la discusión llevan consigo. El Crucificado es el Resucitado y el que, traicionado por los poderes de este mundo, nos dio el Espíritu Santo. El teólogo Ratzinger ha hecho mucho por clarificar las riquezas y desafíos fundamentales de la sociedad y cultura contemporánea a la fe. Esa tarea es de todos y sigue abierta. Como grandes aportaciones, subraya cuatro:

a. Su tratamiento de la teología de la liberación ha rescatado las mejores intuiciones y fermentos, declarando su validez para toda la Iglesia más allá de su lugar de origen, justamente al mostrar las tentaciones y peligros de algunas teologías de la liberación.

b. Frente a las nuevas comunidades y movimientos en la Iglesia ha explicitado su estatuto eclesial para llegar a ser fermento de verdad, y no quedar en fragmentos de ideología o derivar en sectas vulgares.

c . Frente a la cultura de la insolidaridad y de la negación del prójimo, ha defendido la cultura de la vida. "¿Qué pensarán los cristianos de las próximas generaciones y épocas de la aquiescencia de la Iglesia de nuestros días al aborto, la eutanasia, las manipulaciones genéticas? No tenemos derecho a callar".

d. La relación con las demás religiones. El diálogo verdadero supone la identificación clara del que habla con el reconocimiento de la identidad del otro y se comprende como un camino hacia una verdad más completa que nos englobe a los dos sin cercenarnos. Y en ese sentido Ratzinger ha mantenido la necesidad de pensar, hacer y colaborar juntos en lo que es posible ya, preparándonos pensativa a la vez que esperanzadamente para lo por venir. No en vano uno de sus libros se titula: La fe como camino.

Michael Schulz, catedrático de Dogmática en la Facultad de Teología de Bonn, ha estudiado "La subjetividad de la revelación hombre e Iglesia en los escritosde Joseph Ratzinger, Papa Benedicto XVI".

La prolífica obra del nuevo Papa se está convirtiendo en fuente permanente de consulta tanto para los teólogos como para los pastores y el pueblo fiel. Un fruto de su generosa siembra lo están cosechando las diversas tesis que sobre su pensamiento se van elaborando. Una de ellas, ha sido la del padre José Enrique Pérez Asensi, quien presentó el 20 de mayo en el Pontificio Colegio Español de Roma el volumen «La ética de la fe en la obra de Joseph Ratzinger» (Editorial Edicep, España), en el que recoge las conclusiones de su tesis de licencia «La teología moral en la obra de Joseph Ratzinger». «Es más bien un teólogo dogmático, pero es el teólogo que ha expuesto de forma más clara que la crisis de fe y la crisis moral que existe hoy, van a la par en Europa, así como en ciertas corrientes de teología dogmática y moral». El sacerdote resume la teología del cardenal Ratzinger con una expresión: «la circularidad de la fe». En primer lugar la fe en Jesucristo es un don; en segundo lugar ese don nos ayuda a permanecer con Cristo; en un tercer momento, se convierte en la forma de comprender la realidad. Ratzinger hace mucho hincapié en el conocimiento en la fe que nos ayuda a entender a Dios, a nosotros y al mundo, es distinto al saber científico». «El cuarto momento de la fe supone una respuesta desde la libertad y aquí es donde se especifica el camino de vida cristiano, el seguimiento a Cristo y una forma de andar ese camino es la moral que él propone». «El actual Benedicto XVI fundamenta el seguimiento a Cristo en lo que él llama ética de la fe.. Para él la moral cristiana se debe fundamentar en la fe en Cristo que nace del encuentro con Él, no sólo como experiencia personal sino también como realidad llena de sentido», explica. «Ratzinger cimienta su Teología en dos ejes: la relación personal entre Dios y el hombre con el encuentro y el seguimiento, y el segundo eje, el equilibrio entre la verdad, la libertad, la conciencia y la praxis moral», aclara. «La teología moral del cardenal Ratzinger nos ayuda a entender que la base y el nexo que garantiza nuestra libertad y la verdad cristiana, es la fe en Cristo que incluye la espiritualidad y la moral que están en función de la búsqueda de la verdad del hombre que es la felicidad y el servicio a los hermanos»..

6. Sus Libros:

Entre sus numerosas publicaciones -alrededor de 80 libros y unos 200 artículos- ocupa un lugar particular "Introducción al Cristianismo", recopilación de lecciones universitarias publicadas en 1968 sobre la profesión de fe apostólica; "Dogma y revelación" (1973), antología de ensayos, predicaciones y reflexiones, dedicadas a la pastoral. Obtuvo una notable resonancia el discurso pronunciado ante la Academia Católica bávara sobre el tema "¿Porqué sigo todavía en la Iglesia?, en la que afirmaba: "Solo es posible ser cristiano en la Iglesia y no al lado de la Iglesia". En 1985 publica "Informe sobre la fe" y en 1996 "La sal de la tierra". Dios y el Mundo: Creer y vivir en nuestro Tiempo En una entrevista exclusiva con Peter Seewald, el Cardenal Ratzinger ofrece una completa entrevista a un periodista secular sobre una serie de asuntos controvertidos y difíciles que afronta el catolicismo y el cristianismo al final del milenio pasado (Reeditado en el 2002, Galaxia Gutemberg-Círculo de Lectores, Barcelona).

El significado de la hermandad Cristiana (Taurus, Madrid, 1962) Examinando la hermandad cristiana desde la perspectiva de la historia de la salvación, Ratzinger muestra cómo la caridad fraterna solo puede ser perfeccionada a través de la paternidad de Dios, la filiación divina de Cristo y nuestra hermandad en Cristo. En el capítulo sobre el verdadero universalismo concluye afirmando que "el establecimiento de límites para la fraternidad cristiana no tiene por fin crear un círculo esotérico con uan finalidad propia, sino facilitar el servicio de la totalidad. La comunidad cristiana no etá en contra del todo, sino para el todo.Cumple sus obligaciones para con la totalidad, especialmetne por medio de la misión, el ágape y el sufrimiento".p.97

Informe sobre la fe En una entrevista con el periodista católico Vittorio Messori, el Cardenal Ratzinger habla sobre la situación de la Iglesia en el tiempo posterior al Concilio Vaticano II (1985).

Iglesia comunicadora de vida (Conferencias y homilías en su vista al Perú,Lima 1986)

Al servicio del Evangelio (Meditaciones sobre el sacerdocio de la Iglesia) VE, Lima, 2004

Junto a los libros y los artículos, cabe destacar documentos (doctrinales, disciplinares, sacramentales) de las congregaciones vaticanas de las que forma parte. Además, sus entrevistas, cartas, homilías, discursos, catequesis, notificaciones, instrucciones.

III. DESAFÍOS DE LA IGLESIA DE NUESTRO TIEMPO.

Ante los formidables problemas que azotan al mundo, el Papa actual sigue la huella del Papa anterior. Sabe que el mundo va por otro camino diferente al de Cristo. Sin embargo, no le basta la sociología, la programación pastoral, la palabra humana... Él insiste en leer, meditar, vivir de nuevo la Palabra de Dios. ¿Recuerdan en el funeral de Juan Pablo II? Ni flores, ni adornos...sólo el Evangelio, un Evangelio que con el soplo del viento se abrió. Debemos ser evangelios abiertos.Benedicto XVI lo dijo explícitamente en su primera misa: "¡Queridos amigos! En este momento no necesito presentar un programa de gobierno.Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia.

Su visión La hallamos perfectamente diseñada en la conferencia Los contenidos esenciales de la nueva evangelización dictada durante el jubileo de los catequistas y profesores de religión, celebrado el 10 de diciembre de 2000 en Roma (publicado por L´Osservatore Romano, 19 de enero de 2001) y de la que extractamos lo más importante en sus cuatro puntos, conversión, reino de Dios, Cristo, vida eterna; a los que añadimos, el papel de María, los santos y su la prioridad acerca de la unidad de los cristianos

1. Conversión

El contenido fundamental del Antiguo Testamento está resumido en el mensaje de san Juan Bautista: "Convertíos". En otras palabras, buscar un nuevo estilo de vida, una vida nueva. Quien se convierte a Cristo no quiere tener autonomía moral, no pretende construir con sus fuerzas su propia bondad. "Conversión" (metánoia) significa precisamente lo contrario: salir de la autosuficiencia, descubrir y aceptar la propia indigencia, la necesidad de los demás y la necesidad de Dios, de su perdón, de su amistad. La vida sin conversión es autojustificación (yo no soy peor que los demás); la conversión es la humildad de entregarse al amor del Otro, amor que se transforma en medida y criterio de mi propia vida. Aquí debemos tener presente también el aspecto social de la conversión. Ciertamente, la conversión es ante todo un acto personalísimo, es personalización.El yo se abre de nuevo al tú, en toda su profundidad, y así nace un nuevo nosotros.

2. El reino de Dios .

En la llamada a la conversión está implícito, como su condición fundamental, el anuncio del Dios vivo. La palabra clave del anuncio de Jesús es: reino de Dios. Pero reino de Dios no es una cosa, una estructura social o política, una utopía. El reino de Dios es Dios. Reino de Dios quiere decir: Dios existe, Dios vive, Dios está presente y actúa en el mundo, en nuestra vida, en mi vida. La teología debe volver a ser realmente teo-logía, hablar de Dios y con Dios. ¡Que Dios sea Dios! Metz tiene razón. Lo "único necesario" (unum necessarium) para el hombre es Dios. Todo cambia dependiendo de si Dios existe o no existe. Por desgracia, también nosotros, los cristianos, vivimos a menudo como si Dios no existiera (si Deus non daretur).. O como los sofistas: Nada existe, si existe no se puede conocer y se pudiese conocer no se podría comunicar...

Hablar de Dios y hablar con Dios deben ir siempre juntos. El anuncio de Dios lleva a la comunión con Dios en la comunión fraterna, fundada y vivificada por Cristo. Por eso la liturgia (los sacramentos) no es un tema adjunto al de la predicación del Dios vivo, sino la concretización de nuestra relación con Dios. Precisamente en el mundo actual necesitamos el silencio, el misterio supraindividual, la belleza.

3. El seguimiento de Cristo

El único camino es la identificación con Cristo, realizable en la vida sacramental. Vemos que hay un intento de dejar bien claro su jaque mate al relativismo como se plasmó en el documento Dominus Iesum que contó con el papa actual para su redacción. Allí quiso evidenciar su deseo de proclamar que Cristo sea Cristo, Dios y Hombre verdadero, sin recortes ni falsedades. De hecho, como lúcidamente señaló el profesor jesuita de la Universidad Gregoriana, P. Juan Antonio Martínez Camino, lo que más ha escocido es encarar radicalmente el problema del relativismo, "el problema más grave de nuestro tiempo". (Conferencia en la FUE, Madrid, 17 de octubre del 2000). Es interesante notar que si Juan Pablo II abordó ya la cuestión en tres encíclicas fundamentales, citadas en la Dominus Iesu , Redemptoris missio de 1990, la Veritatis splendor de 1993 y la Fides et ratio de 1998; en paralelo, intercaladas entre estas tres encíclicas, nos encontramos otras tantas intervenciones del Cardenal Ratzinger; A los obispos de Asia, en Hong-Kong, en 1993, tras la publicación de la Redemptoris missio , con el título Cristo, la fe y el reto de las culturas , y tras la Veritatis splendor habló a los presidentes de las comisiones doctrinales de las Conferencias Episcopales de Latinoamérica, en Guadalajara (México) en 1996, acerca de la Situación actual de la fe y de la teología ; por último, en febrero del 2000, en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid, abordó el tema en cuestión con la ponencia titulada Fe, Verdad y Cultura , refiriéndose especialmente a la relación entre verdad, religión y religiones.

4. La vida eterna

Hoy, en la vida diaria, debemos anunciar con nueva fuerza nuestra fe...El hombre no puede hacer o dejar de hacer lo que le apetezca. Será juzgado. Debe rendir cuentas. Esta certeza vale tanto para los poderosos como para los sencillos.. Así el artículo de fe del juicio, su fuerza de formación de las conciencias, es un contenido central del Evangelio y es realmente una buena nueva. Lo es para todos los que sufren por la injusticia del mundo y piden justicia. Así se comprende también la conexión entre el reino de Dios y los "pobres", los que sufren y todos los que viven las bienaventuranzas del sermón de la Montaña. Están protegidos por la certeza del juicio, por la certeza de que hay justicia. Este es el verdadero contenido del artículo del Credo sobre el juicio, sobre Dios juez: hay justicia. Las injusticias del mundo no son la última palabra de la historia. Hay justicia. Sólo quien no quiera que haya justicia puede oponerse a esta verdad. Si tomamos en serio el juicio y la grave responsabilidad que de él brota para nosotros, comprenderemos bien el otro aspecto de este anuncio, es decir, la redención, el hecho de que Jesús en la cruz asume nuestros pecados; que Dios mismo en la pasión de su Hijo se convierte en abogado de nosotros, pecadores, y así hace posible la penitencia, la esperanza al pecador arrepentido, esperanza expresada de modo admirable en las palabras de san Juan: "Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo" (Jn 3, 20).

5. María, solución a la crisis

Verdaderamente genial, en esta nota para el libro "Informe sobre la fe" nos obsequia con unas vivencias entrañables en las que tiene presente su evolución como teólogo y su sensibilidad espiritual y social: "Si ha sido siempre esencial para el equilibrio de la fe el lugar que ocupa la Señora, hoy es más urgente que en ninguna otra época de la historia de la iglesia descubrir de nuevo este lugar.Cuando todavía era un joven teólogo.abrigaba algunas reservas sobre ciertas fórmulas antiguas como la de "María nunca se dirá bastante". También se me hacía difícil comprender el verdadero sentido de la expresión de María como Theotokos que presenta a la Virgen como "enemiga de todas las herejías". Hoy -en este confuso periodo en el que todo tipo de desviación herética parece agolparse a las puertas de la auténtica fe católica- comprendo que no se trata de exageraciones de almas devotas, sino de una verdad hoy más en vigor que nunca. Sí, es necesario volver a María si queremos volver a aquella ´verdad sobre Jesucristo, verdad sobre la Iglesia y verdad sobre el hombre" (Juan Pablo II, Puebla, 1979). Los obispos respondieron a la invitación del Pontífice proponiendo en el documento final la recomendación unánime: María debe ser cada vez más la pedagoga del Evangelio para los hombres de hoy. .En virtud de su destino de Virgen y Madre, María continúa proyectando luz sobre lo que el Creador ha querido para la mujer de todos los tiempos, incluido el nuestro. Más aún, tal vez sobre todo para nuestro tiempo, en el que -como sabemos- se halla amenazada la esencia misma de la feminidad. Su virginidad y su maternidad arraigan el misterio de la mujer en un destino altísimo del que no puede ser despojada. María es la intrépida mensajera del Magníficat, pero es también aquella que hace fecundos el silencio y la ocultación; aquella que no teme permanecer al pie de la cruz, que asiste al nacimiento de la Iglesia; es también aquella que, como subraya en varias ocasiones el evangelista, "guarda y medita en su corazón" las cosas que ocurrían a su alrededor. Criatura del coraje y de la obediencia, es (ahora y siempre) un ejemplo en el que todo cristiano -hombre y mujer- puede y debe inspirarse"

6. En compañía de los santos

Constato un hecho evidente. Desde 1588, fecha en que se erige la Sagrada Congregación de Ritos, hasta 1978, fecha de la muerte de Pablo VI, la Iglesia proclamó en total 296 santos y 808 beatos. Juan Pablo II beatificó a 1.338 y canonizó a 482 personas personas, más que todos sus predecesores en los últimos cuatro siglos juntos. Se puede decir puso de moda la santidad en la Iglesia. No perdió ocasión en sus discursos y visitas para alentar a la santidad. Benedicto XVI sigue su ejemplo, comenzando con la sorpresiva propuesta de beatificación del propio Juan Pablo II. Rescato un sustancioso texto acerca de la santidad y que fue pronunciado en nuestra tierra peruana:

"Rosa de Lima, la cual se llamaba en verdad Isabel, recibió su nombre de una mujer india que trabajaba en su casa paterna...En este modo de llamarla se puede advertir el afecto de esta mujer, como también, por otra parte, el hecho de que después con ocasión de la confirmación, recibida de las manos de Santo Toribio de Mogrovejo, Rosa misma haya aceptado definitivamente este nombre muestra su sí, su constante afecto por aquella mujer. En su canonización, la Iglesia ha interpretado este nombre como una forma de testimonio profético y lo ha usado en referencia a unabella expresión de San Pablo, el cual dice de sí mismo que Dios había difundido el perfume del conocimiento de Cristo en el mundo entero a través de él...El afectuoso sobrenombre que la desconocida mujer había dado a la pequeña niña, se ha revelado como una profecía y así también ella, aunque sin nombre (Mariana), toma parte siempre junto a Rosa y ambas en conjunto expresan algo original de este país y de su misión: la herencia europea junto con aquella de los indios ha dado origen a una nueva expresión de la fe: en esta nueva síntesis se encuentra el perfume del conocimiento que emana de Rosa...Ella puso en su vida espiritual tres puntos esenciales, que son válidos como programas para la Iglesia de hoy como lo fueron en un tiempo. Como primer punto está la oración, entendida no como recitación de fórmulas, sino como un dirigirse interiormente al Señor, como estar en su luz, como dejarse incendiar por su fuego santo. Los otros dos puntos esenciales provienen de aquí espontáneamente: puesto que ella ama a Cristo, el despreciado, el doliente, Aquel que por nosotros se ha hecho pobre, ella también ama a todos los pobres que llegaron a ser sus hermanos más cercanos" (Lima 1986)

7. Unidad de los cristianos.

Sus gestos son bien elocuentes. Como sumo pontífice, constructor de puentes, los está levantando hacia los cristianos no católicos, los judíos, los musulmanes. Lo puso de manfiesto en su homilía de 24 de abril del 2005: "Alimentados y apoyados por la Eucaristía, los católicos no pueden dejar de sentirse estimulados a tender a esa plena unidad que Cristo deseó ardientemente en el Cenáculo. El sucesor de Pedro sabe que tiene que hacerse cargo de modo muy particular de este supremo deseo del divino Maestro. A Él se le ha confiado la tarea de confirmar a los hermanos (Cf. Lucas 22, 32). Plenamente consciente, por tanto, al inicio de su ministerio en la Iglesia de Roma que Pedro ha regado con su sangre, su actual sucesor asume como compromiso prioritario trabajar sin ahorrar energías en la reconstitución de la unidad plena y visible de todos los seguidores de Cristo. Ésta es su ambición, éste es su apremiante deber. Es consciente de que para ello no bastan las manifestaciones de buenos sentimientos. Son precisos gestos concretos que penetren en los espíritus y remuevan las conciencias, llevando a cada uno hacia esa conversión interior que es el presupuesto de todo progreso en el camino del ecumenismo".

8. Vivencia de la liturgia

Se vio desde la primera ceremonia con que inauguró su pontificado el exquisito cuidado de la liturgia. Sus libros e intervenciones al respecto son constantes. En su obra Un canto nuevo para el Señor Sígueme, Salamanca, 1999 se vale de un simpático aforismo a propósito de su estudio sobre "La imagen del mundo y del hombre en la liturgia y su expresión en la música de la Iglesia"para hablarnos de la liturgia, la música y el cosmos. Ghandi. señala los tres espacios vitales del cosmos, cada uno de ellos con su propio modo de ser. En el mar viven los peces y callan; los animales de la tierra gritan; pero las aves, cuyo espacio vital es el cielo, cantan. Lo propio del mar es el silencio; lo propio de la tierra, el grito; lo propio del cielo, el canto. Pero el hombre participa en las tres cosas; lleva en sí la profundidad del mar, la carga de la tierra y la altura del cielo, y por eso le pertenecen las tres propiedades: el callar, el gritar y el cantar. Hoy -vemos cómo al hombre, después de perder la trascendencia, le resta sólo el grito, porque sólo quiere ser tierra e intenta convertir el cielo y la profundidad del mar en tierra suya. La liturgia rectamente entendida, la liturgia de la comunión de los santos, devuelve la integridad al hombre. Le invita de nuevo a callar y a cantar abriéndole la profundidad del mar y enseñándole a volar, que es el ser del ángel; elevando los corazones, hace sonar de nuevo en ellos el canto olvidado. Y podemos afirmar, a la inversa, que la liturgia bien entendida se conoce en que nos libra del histrionismo general y nos devuelve la profundidad y la altura, el silencio y el canto. La liturgia bien entendida se conoce en que es cósmica, no grupal. Canta con los ángeles. Calla con la profundidad expectante del universo. Y redime así la tierra ( pp.148-149).

IV PENSAMIENTO SOCIAL

Su pensamiento acerca del compromiso social y sobre la DSI es evidente en los documentos más importantes del reciente magisterio eclesial. Contamos con un vasto arsenal documental para su análisis. En primer lugar, el Catecismo de la Iglesia Católica, no olvidemos que fue coordinado por él. Del mismo modo, ha participado en el Compendio de doctrina social de la iglesia y el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica que contienen síntesis orgánicas y completas acerca de la DSI (Doctrina Social de la Iglesia). Las encíclicas de Juan Pablo II han contado con su asesoría. Hay que añadir los documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe a lo largo de 20 años: notas, artículos, conversaciones, discursos.Están además sus artículos personales, las entrevistas y los dos documentos referentes a la teología de la liberación en los que aparece claramente su huella.

1. Verdad

Lo vemos claramente en todos sus trabajos acerca de la verdad, libertad, solidaridad. No olvidemos que su lema es "cooperadores de la verdad ". En su trabajo "Si quieres la paz respeta la conciencia de cada hombre" (Conciencia y verdad) nos dice que "un hombre de conciencia es el que no compra tolerancia, bienestar, éxito, reputación y aprobación públicas renunciando a la verdad". Y cita dos ejemplos, el Cardenal Newman y Tomás Moro, como testimonio de hombres públicos que "hicieron emerger del alma la obediencia a la conciencia:" sin que coincida con los deseos y gustos propios ni con lo que resulta más beneficioso para la sociedad, el consenzo del grupo o las exigencias del poder político o social. Denuncia el hecho de que la verdad parece un bien "exclusivamente privado" y no de todos, de tal manera que llega a equipararse la democracia con el relativismo. Sin embargo, -se pregunta con agudeza- "¿no se ha construido la democracia en última instancia para garantizar los derechos humanos, que son inviolables? ¿No es la garantía y aseguramiento de los derechos del hombre la razón más profunda de la necesidad de la democracia? Los derechos humanos no están sujetos al mandamiento del pluralismo y la tolerancia, sino que son el contenido de la tolerancia y la libertad. Privar a los demás de sus derechos no puede ser un contenido de la justicia ni de la libertad. Eso significa que un núcleo de verdad -a saber, de verdad ética- parece ser irrenunciable precisamente para la democracia" .

2.- Libertad

Sin duda, que ha sido el asunto más estudiado, tal como señala Alejandro Chafuen -Presidente de Atlas Economic Research Foundation, autor de "Economía y ética: Raíces cristianas de la economía de libre mercado" (Rialp, 1991) y quien destaca el hecho de que el documento sobre la Teología de la Liberación "golpeó duramente a los elementos más radicales de la Iglesia, quienes luego sufrieron un golpe casi mortal por el colapso de la utopía atea soviética". Juan Pablo II y los teólogos del Vaticano se concentraron entonces en otro enemigo que afectaba igualmente al Occidente y al Oriente: la tiranía del relativismo.En su encíclica Veritatis Splendor , el recién fallecido Papa mantuvo que la cultura actual "genera escepticismo sobre los fundamentos mismos del conocimiento y de la ética. dificultando más y más la clara comprensión del significado del hombre, el significado de sus derechos y deberes". Su objetivo era aportar una guía a la práctica de la virtud, como paso inicial y necesario para la recuperación moral de la civilización. También el Cardenal Ratzinger se concentró en enseñar la importancia de las convicciones, por encima de la fuerza. El 6 de noviembre de 1992, durante la ceremonia de su iniciación en la Academia Moral y Ciencias Políticas del Instituto de Francia, explicó que la sociedad libre puede subsistir solamente donde las personas comparten convicciones morales fundamentales y altas normas morales. Añadió que tales convicciones no deben ser "impuestas ni arbitrariamente definidas por la fuerza".Ratzinger encontró parte de la clave en la obra de Tocqueville, declarando que "su libro la Democracia en América siempre me impresionó. el gran pensador (Tocqueville) vio como condición esencial el hecho que una convicción moral fundamental estaba viva en Estados Unidos, una que alimentada por la Cristiandad Protestante aportaba las bases a las instituciones y mecanismos democráticos".Por eso, proclama: "Apartarse de las grandes fuerzas morales y religiosas de la propia historia es el suicidio de una cultura y una nación. Cultivar las evidencias morales esenciales, defenderlas y protegerlas como un bien común sin imponerlas por la fuerza, constituye a mi parecer una condición param antener la libertad frente a todos los nihilismos y sus consecuencias totalitarias".

Benedicto XVI -al referise a la libertad- explica la creación de una bella manera, la cual según él debe comprenderse no con el modelo de un artesano "sino con una mente creativa, con pensamiento creativo". El comienzo de la creación es una "libertad creativa que crea nuevas libertades. Visto así, bien se puede describir el Cristianismo como una filosofía de la libertad". La cristiandad explica una realidad donde "en su cima está una libertad que piensa y el pensamiento crea libertad, haciendo de la libertad la forma estructural de todo ser". La libertad del hombre aparta al Cristianismo del idealismo.Benedicto XVI mantiene que la libertad junto a la consciencia y el amor conforman la esencia del ser. Con la libertad hay imposibilidad de calculo perfecto, por lo que el mundo nunca puede ser reducido a una lógica matemática. Según su manera de pensar, donde lo particular es más importante que lo universal, "la persona, única e irrepetible, es al mismo tiempo lo último y lo más alto. Bajo esa visión del mundo, la persona no es sólo un individuo, una reproducción que surge de la difusión de la idea en materia, sino, precisamente, una "persona".

Es cierto que Ratzinger pareció condenar toda forma de liberalismo en la última homilía que pronunció antes de su elección como Papa. Sin embargo, tal rechazo se refiere especialmente a la visión mecanicista y determinista que ha sido siempre una parte minoritaria del pensamiento liberal. Es obvio que la economía y la sociedad no están regidas exclusivamente por leyes inexorables sino determinadas por seres humanos. Aun así, el Papa considera que, "en oposición al marxismo, el liberalismo reconoce el ámbito de lo subjetivo y lo considera espacio ético" ( Iglesia y Economía , Roma, noviembre de 1985).

Conviene notar también que Benedicto XVI se opone a la vieja idea según la cual el protestantismo es la única confesión capaz de producir una economía libre. Considera que esta postura de claro sabor weberiano parece haber dado vuelta a la teoría de Marx, esto es, que la economía no origina las concepciones religiosas sino que es la orientación religiosa la que determina el tipo de sistema económico que pueda desarrollarse. Contra esa hipótesis, Ratzinger considera que el catolicismo favorece la libertad y la autodisciplina que son necesarias para el florecimiento de economías de mercado. Ahora bien, afirma que eso exige la presencia de una determinada disciplina ética que, a su vez, sólo puede ser articulada y soportada por fuerzas religiosas. Cuando ese ethos espiritual no existe, las leyes del mercado tienden a desplomarse.

3. Solidaridad

El Papa estudia el asunto en diversos documentos como el de "Eucaristía-comunión-solidaridad: Cristo presente y operante en el sacramento" ( Caminos de Cristo , Coediciones Cristiandad, Madrid, 2004). Reconoce los grandes aportes de Juan Pablo II al concepto desde el campo de la ética y lo vincula con la Eucaristía. En ese sentido, solidaridad significa "que uno se hace responsable de los otros, el sano del enfermo, el rico del pobre, los países del Norte de los países del Sur. Significa que se es consciente de la responsabilidad mutua y que somos conscientes de que recibimos en tanto que damos, y que siempre podemos dar sólo lo que nos ha sido dado y que por eso jamás nos pertenece sólo a nosotros" p.117

En la Libertatis conscientia nº 89 se incluye un interesante texto acerca de la "nueva solidaridad": "La solidaridad es una exigencia directa de la fraternidad humana y sobrenatural. Los graves problemas socio-económicos que hoy se plantean, no pueden ser resueltos si no se crean nuevos frentes de solidaridad: solidaridad de los pobres entre ellos, solidaridad con los pobres, a la que los ricos son llamados, y solidaridad de los trabajadores entre sí. Las instituciones y las organizaciones sociales, a diversos niveles, así como el Estado, deben participar en un movimiento general de solidaridad. Cuando la Iglesia hace esa llamada, es consciente de que esto le concierne de una manera muy particular"

4. En torno al debate sobre la Teología de la Liberación

a.- Una antropología liberadora

El Papa aborda de lleno el pensamiento social, precisamente, en Perú, con motivo del debate sobre la Teología de la Liberación. El 6 de agosto de 1984 un primer documento, la Libertatis nuntius Instrucción sobre algunos aspectos de la "teología de la liberación " buscaba atraer la atención sobre las desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana, que implican ciertas formas de teología de la liberación que recurren, de modo insuficientemente crítico, a conceptos tomados de diversas corrientes del pensamiento marxista. Lo que buscaba, era precisamente, iluminar la doctrina para luchar con más eficacia en la implantación de la justicia social desde los postulados de la DSI.

El purpurado alemán, en su visita al Perú, analiza el problema en profundidad en la conferencia pronunciada, con motivo de conferirle el doctorado honoris causa por la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima el 19 de julio de 1986, y que tituló: "La visión antropológica de la Instrucción ´Libertatis Conscientia". En la misma sale al paso de la impugnación al documento afirmando que la Congregación había expuesto el problema de la libertad desde una perspectiva ética y no histórica, concluyendo que lo ético sería algo individualista e idealista, ajena a la realidad y a lo concreto; de igual modo, la DSI sería algo utópico, principista, desfasado y alejado de la realidad. El discurso del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe fue una auténtica reivindicación de la DSI. Espigo alguno de sus textos más significativos:

"La DSC constituye el desarrollo científico de estas orientaciones que resultan de los fundamentos irrenunciables de la fe y de las experiencias que crecen con la praxis de la historia. Ella es, por consiguiente, mucho más que un llamamiento a la buena voluntad del individuo, es un programa histórico procedente de una concepción fundamental de la historia humana, que no está ideológicamente determinada de manera fija, sino continuamente abierta a un desarrollo racional.

El realismo de la DSC queda patente al no prometer un paraíso terreno, ni una sociedad definitivamente positiva e incambiable.La DSC desconoce la utopía, pero desarrolla unos modelos, dentro de una situación histórica dada, para conseguir la organización de las cosas humanas de la mejor forma posible. Por ello, también rechaza el mito de la revolución y trata de descubrir el camino de las reformas, sin excluir totalmente el camino de la resistencia violenta en situaciones extremas, pero rechazando el aceptar la revolución como "Deus ex machina", de la que deberían resultar algún día de forma inexplicable el hombre

nuevo y la sociedad nueva. ..

La DSC vive de la praxis de la fe, resultante no sólo de una especuluación intelectual sino del encuentro con el Sinaí de Israael y con la montaña de Jesucristo (Decálogo y Bienaventuranzas)..Pero no basta con mitrar atrás.La fe cristiana no conoce utopías históricas, pero sí conoce una promesa: la resurrección de los muertos, el Juicio y el Reino de Dios"..Sólo tiene sentido el morir por la justicia si existe esta resurrección de los muertos, pues únicamente entonces la justicia es algo más que Poder, sólo entonces se convierte en algo real, de lo contrario permanece como una pura idea. ..El Juicio no nos exime de esforzarnos por conseguir justicia en la historia, al contrario es lo que da a estos esfuerzos un sentido y priva a esta obligación de cualquier arbitrariedad.Sólo en la medida en que en esta vida tomemos parte en el Reino, participaremos igualmente de él a su tiempo.La vocación del hombre es hacerse como Dios. Es libre el que ha logrado la unidad con su propio ser, con la Verdad misma, pues quien está identificado con la -Verdad no necesita ya actuar por necesidad o por presiones externas. Es también quien ha logrado la total compenetración entre el ser, el querer y el hacer. De esta forma el hombre, en su limitación alcanza la frontera de lo ilimitado y uniéndose a ello, precisamente en el reconocimiento de sus límites, se convierte en ilimitado".

b. Sentido auténtico de libertad y la liberación

Como complemento del documento anterior, el 22 de marzo de1986 veía la luz el documento Libertatis conscientia -Instrucción sobre libertad cristiana y liberación Su objetivo-tal como señala la introducción- era evidenciar los principales elementos de la doctrina cristiana sobre la libertad y la liberación. El documento presenta un exhaustivo análisis del verdadero sentido que el cristianismo da a la auténtica liberación. El eje central del discurso serán las palabras de Jesús: "La verdad os hará libres" (Jn 8,32) que a juicio del magisterio "deben iluminar y guiar en este aspecto toda reflexión teológica y toda decisión pastoral".

3.1. Esta verdad que viene de Dios tiene su centro en Jesucristo, Salvador del mundo

3.2. Cristo, por medio de su cruz y resurrección, ha realizado nuestra redención que es la liberación en su sentido más profundo, ya que ésta nos ha liberado del mal más radical, es decir, del pecado y del poder de la muerte.

3.3. Cuando la Iglesia, instruida por el Señor, dirige su oración al Padre: "líbranos del mal", pide que el misterio de salvación actúe con fuerza en nuestra existencia de cada día. Ella sabe que la cruz redentora es en verdad el origen de la luz y de la vida, y el centro de la historia.

3.4. La caridad que arde en ella la impulsa a proclamar la Buena Nueva y a distribuir mediante los sacramentos sus frutos vivificadores.

3.5. La verdad, empezando por la verdad sobre la redención, que es el centro del misterio de la fe, constituye así la raíz y la norma de la libertad, el fundamento y la medida de toda acción liberadora.

71. La praxis cristiana de la liberación

La dimensión soteriológica de la liberación no puede reducirse a la dimensión socioética que es una consecuencia de ella. Al restituir al hombre la verdadera libertad, la liberación radical obrada por Cristo le asigna una tarea: la praxis cristiana, que es el cumplimiento del gran mandamiento del amor. Este es el principio supremo de la moral social cristiana, fundada sobre el Evangelio y toda la tradición desde los tiempos apostólicos y la época de los Padres de la Iglesia, hasta la recientes intervenciones del Magisterio. Los grandes retos de nuestra época constituyen una llamada urgente a practicar esta doctrina de la acción.

I. Naturaleza de la doctrina social de la Iglesia

72. Mensaje evangélico y vida social

La enseñanza social de la Iglesia nació del encuentro del mensaje evangélico y de sus exigencias -comprendidas en el Mandamiento supremo del amor a Dios y al prójimo y en la Justicia con los problemas que surgen en la vida de la sociedad.. La Iglesia, experta en humanidad, ofrece en su doctrina social un conjunto de principios de reflexión, de criterios de juicio y de directrices de acción para que los cambios en profundidad que exigen las situaciones de miseria y de injusticia sean llevados a cabo, de una manera tal que sirva al verdadero bien de los hombres.

73. Principios fundamentales: El mandamiento supremo del amor conduce al pleno reconocimiento de la dignidad de todo hombre, creado a imagen de Dios. De esta dignidad derivan unos derechos, y unos deberes naturales. De este modo, la doctrina social de la Iglesia se opone a todas las formas de colectivismo .

74. Criterios de juicio sobre las situaciones, las estructuras y los sistemas sociales. 75. Primacía de las personas sobre las estructuras

76. Directrices para la acción.

77. Una lucha por la justicia

78. El mito de la revolución

79. Un último recurso a la lucha armada

80. El papel de los Laicos .en la construcción política y en la organización de la vida social.

II. Exigencias evangélicas de transformación en profundidad

81. Necesidad de una transformación cultural

82. El Evangelio del trabajo

83. Una verdadera civilización del trabajo

84. Bien común nacional e internacional

85. El valor del trabajo humano

86. Promover la participación

87. Prioridad del trabajo sobre el capital bienes.

88. Reformas en profundidad

III. Promoción de la solidaridad

89. Una nueva solidaridad.

90. Destino universal de los bienes

91. Ayuda al desarrollo

99. Dimensión de una auténtica liberación El sentido de la fe percibe toda la profundidad de la liberación realizada por el Redentor. Cristo nos ha liberado del más radical de los males, el pecado y el poder de la muerte, para devolvernos la auténtica libertad y para mostrarnos su camino. Este ha sido trazado por el mandamiento supremo, que es el mandamiento del amor. La liberación, en su primordial significación que es soteriológica, se prolonga de este modo en tarea liberadora y exigencia ética. En este contexto se sitúa la doctrina social de la Iglesia que ilumina la praxis a nivel de la sociedad. El cristiano está llamado a actuar según la verdad y a trabajar así en la instauración de esta «civilización del amor», de la que habló Pablo VI.

5. Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política , dirigida a los Obispos de la Iglesia Católica y, de especial modo, a los políticos católicos y a todos los fieles laicos llamados a la participación en la vida pública y política en las sociedades democráticas. Entresacamos alguno de sus textos:

I. Una enseñanza constante  : El compromiso del cristiano en el mundo, en dos mil años de historia, se ha expresado en diferentes modos.

II. Algunos puntos críticos en el actual debate cultural y político

Se puede verificar hoy un cierto relativismo cultural, que se hace evidente en la teorización y defensa del pluralismo ético, que determina la decadencia y disolución de la razón y los principios de la ley moral natural. Esta concepción relativista del pluralismo no tiene nada que ver con la legítima libertad de los ciudadanos católicos de elegir, entre las opiniones políticas compatibles con la fe y la ley moral natural, aquella que, según el propio criterio, se conforma mejor a las exigencias del bien común

En el plano de la militancia política concreta, es importante hacer notar que el carácter contingente de algunas opciones en materia social, el hecho de que a menudo sean moralmente posibles diversas estrategias para realizar o garantizar un mismo valor sustancial de fondo, la posibilidad de interpretar de manera diferente algunos principios básicos de la teoría política, y la complejidad técnica de buena parte de los problemas políticos, explican el hecho de que generalmente pueda darse una pluralidad de partidos en los cuales puedan militar los católicos para ejercitar ? particularmente por la representación parlamentaria ? su derecho-deber de participar en la construcción de la vida civil de su País.

La Iglesia es consciente de que la vía de la democracia, aunque sin duda expresa mejor la participación directa de los ciudadanos en las opciones políticas, sólo se hace posible en la medida en que se funda sobre una recta concepción de la persona.. A partir de aquí se extiende la compleja red de problemáticas actuales, que no pueden compararse con las temáticas tratadas en siglos pasados. Juan Pablo II, en línea con la enseñanza constante de la Iglesia, ha reiterado muchas veces que quienes se comprometen directamente en la acción legislativa tienen la «precisa obligación de oponerse» a toda ley que atente contra la vida humana. Para ellos, como para todo católico, vale la imposibilidad de participar en campañas de opinión a favor de semejantes leyes, y a ninguno de ellos les está permitido apoyarlas con el propio voto. Esto no impide, como enseña Juan Pablo II en la Encíclica Evangelium vitae a propósito del caso en que no fuera posible evitar o abrogar completamente una ley abortista en vigor o que está por ser sometida a votación, que «un parlamentario, cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, pueda lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública».

III. Principios de la doctrina católica acerca del laicismo y el pluralismo

IV. Consideraciones sobre aspectos particulares

En circunstancias recientes ha ocurrido que, incluso en el seno de algunas asociaciones u organizaciones de inspiración católica, han surgido orientaciones de apoyo a fuerzas y movimientos políticos que han expresado posiciones contrarias a la enseñanza moral y social de la Iglesia en cuestiones éticas fundamentales. Tales opciones y posiciones, siendo contradictorios con los principios básicos de la conciencia cristiana, son incompatibles con la pertenencia a asociaciones u organizaciones que se definen católicas. Análogamente, hay que hacer notar que en ciertos países algunas revistas y periódicos católicos, en ocasión de toma de decisiones políticas, han orientado a los lectores de manera ambigua e incoherente, induciendo a error acerca del sentido de la autonomía de los católicos en política y sin tener en consideración los principios a los que se ha hecho referencia. La fe en Jesucristo, que se ha definido a sí mismo «camino, verdad y vida» (Jn 14,6), exige a los cristianos el esfuerzo de entregarse con mayor diligencia en la construcción de una cultura que, inspirada en el Evangelio, reproponga el patrimonio de valores y contenidos de la Tradición católica. La necesidad de presentar en términos culturales modernos el fruto de la herencia espiritual, intelectual y moral del catolicismo se presenta hoy con urgencia impostergable, para evitar además, entre otras cosas, una diáspora cultural de los católicos. Por otra parte, el espesor cultural alcanzado y la madura experiencia de compromiso político que los católicos han sabido desarrollar en distintos países, especialmente en los decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, no deben provocar complejo alguno de inferioridad frente a otras propuestas que la historia reciente ha demostrado débiles o radicalmente fallidas. Es insuficiente y reductivo pensar que el compromiso social de los católicos se deba limitar a una simple transformación de las estructuras, pues si en la base no hay una cultura capaz de acoger, justificar y proyectar las instancias que derivan de la fe y la moral, las transformaciones se apoyarán siempre sobre fundamentos frágiles.

V. Conclusión Las orientaciones contenidas en la presente Nota quieren iluminar uno de los aspectos más importantes de la unidad de vida que caracteriza al cristiano: La coherencia entre fe y vida, entre evangelio y cultura, recordada por el Concilio Vaticano II. Congregación por la Doctrina de la Fe, el 24 de noviembre de 2002, Solemnidad de N. S Jesús Cristo, Rey del universo.

Meses después, el entonces Cardenal Ratzinger explicó los principios de la autonomía de los católicos en política y señaló la necesidad de evitar la «"teologización" de la política» y la «"ideologización" de la religión» en una mesa redonda, celebrada en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma, en la que participaron políticos italianos, intelectuales y teólogos.

6. Política y religión en Europa

Benedicto XVI tiene muy clara cuál es la raíz y la identidad de Europa: la fe cristiana. En la conferencia: "Europa, política y religión", (Berlín, 28.XI.2001, www.nuevarevista.com ). alude como la Declaración de Derechos Fundamentales, aprobada por los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, revela el deseo de dar un fundamento de valores comunes a la Europa unida. "¿Hasta qué punto es apropiada para dotar de un núcleo espiritual común al cuerpo económico de Europa?: Europa... ¿qué es en realidad Europa? Esa pregunta fue planteada con énfasis una y otra vez por el cardenal Glemp en uno de los grupos lingüísticos del Sínodo romano de los obispos europeos: ¿dónde comienza, dónde termina Europa? ¿Por qué, por ejemplo, Siberia no pertenece a Europa, aunque está predominantemente habitada por europeos, que viven y piensan de manera claramente europea? ¿Dónde es pierde Europa por el Sur de la comunidad de Estados rusos? ¿Por dónde discurre su frontera asiática? ¿Qué islas son Europa, cuáles no, y por qué? En esas conversaciones se puso de manifiesto que Europa sólo de forma secundaria es un concepto geográfico: Europa no es un continente geográficamente aprehensible con claridad, sino un concepto cultural e histórico.

Así llegamos a la pregunta ¿hacia dónde seguir? ¿Hay en los violentos cambios de nuestro tiempo una identidad de Europa que tenga futuro y que podamos respaldar desde dentro? Para los padres de la unión europea tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial ?Adenauer, Schumann, De Gasperi? estaba claro que ese fundamento existe, y que descansa en la herencia cristiana de lo que el Cristianismo convirtió en nuestro continente

Resumamos: la afirmación del valor y la dignidad del ser humano, de la libertad, igualdad y solidaridad, en los principios de la democracia y el Estado de Derecho, incluye una imagen del ser humano, una opción moral y una idea del Derecho que en modo alguno se entienden por sí mismas, pero son factores básicos de la identidad de Europa, que también han de ser garantizados en sus consecuencias concretas y, naturalmente, sólo podrán ser defendidos si vuelve a integrarse en la correspondiente conciencia moral.

No sabemos cómo seguirá Europa su camino. La Declaración de Derechos Fundamentales puede ser un primer paso para que vuelva a buscar conscientemente su alma. Hay que dar la razón a Toynbee en que el destino de una sociedad depende una y otra vez de minorías creadoras. Los creyentes cristianos deberían verse a sí mismos como una minoría creadora, y contribuir a que Europa recupere lo mejor de su herencia y así sirva a toda la Humanidad.

7. «Las bases morales prepolíticas del Estado liberal» Tras valorar positivamente las declaraciones del filósofo agnóstico, Jürgen Habermas, el día 19 de enero de 2004, el actual Papa concluyó con dos tesis:

1.- Constata que hay patologías en la religión, altamente peligrosas, y que hacen necesario considerar la luz divina que representa la razón como un órgano de control, desde el que ha de dejarse purificar y ordenar una y otra vez. Pero también hay también patologías de la razón que obligan a ésta a prestar oídos a las grandes tradiciones religiosas de la humanidad, por lo que es necesaria la correlacionalidad de razón y fe, de razón y religión.

. 2.- Esta regla fundamental debe hallar concreción en el contexto intercultural de nuestra actualidad. Sin duda dos importantes intervinientes en esa correlacionalidad son la fe cristiana y la cultura secular occidenal. .Para ambos grandes componentes de la cultura occidental es importante ponerse a escuchar a esas otras culturas, es decir, entablar una verdadera correlacionalidad con esas otras culturas. Es importante implicarlas en la tentativa de una correlación polifónica , en la que ellas se abran a sí mismas a la esencial complementariedad de razón y fe, que ayuden a a integrar el mundo.

8. Ante el nuevo orden internacional propuesto por la ONU

J. Ratzinger considera que los creyentes se encuentran ante una tendencia que busca cancelar a Dios de la vida pública para confinarlo en el «ámbito subjetivo de culturas residuales pasadas». Al retirar el «Premio San Benito para la promoción de la vida y de la familia en Europa», que le otorgó la Fundación de Subiaco para la Vida y la Familia , el 1 de abril del 2005, el decano del colegio cardenalicio afrontó la crisis cultural y de identidad actual, particularmente en el viejo continente. Tras constatar que «la fuerza moral no ha crecido junto al desarrollo de la ciencia, sino que al contrario ha disminuido», el purpurado alemán explicó que «el peligro más grave de este momento está justamente en este desequilibrio entre posibilidades técnicas y energía moral ». Como dos ejemplos claros, puso la amenaza del terrorismo y la de las posibilidades de manipulación del origen de la vida humana. El punto de partida de esta visión es «el relativismo», convirtiéndose en «un dogmatismo que se cree en posesión del definitivo conocimiento de la razón, y con derecho a considerar todo el resto sólo como un estadio de la humanidad, en el fondo superado, y que puede ser adecuadamente relativizado».En la última parte de su relación, explicó que «necesitamos raíces para sobrevivir y no las debemos perder de vista si queremos que la dignidad humana no desaparezca». «Sólo la razón creadora, y que se ha manifestado en el Dios crucificado como amor, puede verdaderamente mostrarnos el camino», propuso. «Necesitamos hombres que mantengan la mirada en Dios, aprendiendo allí la verdadera humanidad», concluyó, pues «sólo mediante hombres tocados por Dios, Dios puede volver a estar cerca de los hombres».

El 9 septiembre 2001 defiende el hecho de que los católicos tienen el «justo deber moral» de discutir sobre cuestiones relativas al desarrollo económico que suscitó el pasado G-8 celebrado en Génova, pero, , «la destrucción y el terror no son los medios adecuados».

El 15 de septiembre lanza dura crítica de Ratzinger al nuevo orden mundial propuesto por la ONU, demostrando cómo no se puede combatir la pobreza eliminando a los pobres. En la llamada Cumbre del Milenio de Naciones Unidas, el mayor encuentro de jefes de Estado y Gobierno de la historia, celebrado en Nueva York del 6 al 8 de septiembre, se reflexionó sobre el papel que debe desempeñar este organismo internacional y las reformas que se requieren para que cumpla su misión de paz y defensa de los derechos humanos «La peculiaridad de esta nueva antropología, que debería constituir la base del Nuevo Orden Mundial resulta evidente sobre todo en la imagen de la mujer, en la ideología del "Women?s empowerment" (la autorrealización de las mujeres), nacida de la Conferencia de Pekín. Objetivo de esta ideología es la autorrealización de la mujer: sin embargo, los principales obstáculos que se interponen entre ella y su autorrealización son la familia y la maternidad».

9. DISCURSOS A POLÍTICOS Y DIPLOMÁTICOS:

En ellos, se puede apreciar la sensiblidad del Pontífice por los temas sociales concretos iluminados siempre por la DSI. Veamos algunos ejemplos

a. A los obispos de Sri Lanka en visita "ad limina ". Sábado 7 de mayo de 2005

En diciembre del año pasado, junto con otras innumerables personas en todo el mundo, me sentí profundamente conmovido al observar los efectos devastadores del maremoto que se cobró un gran número de víctimas sólo en Sri Lanka, y dejó a cientos de miles de personas sin hogar. Os ruego que transmitáis mis más sentidas condolencias y las de los católicos del mundo entero a todos los que han soportado tan terribles pérdidas. En el rostro de las personas afligidas por la muerte de un ser querido o que han perdido sus bienes no podemos menos de reconocer el rostro sufriente de Cristo, y, de hecho, es a él a quien servimos cuando mostramos nuestro amor y compasión a los necesitados (cf. Mt 25, 40). La comunidad cristiana tiene la obligación particular de cuidar de los niños que han perdido a sus padres a causa del desastre natural. El reino de los cielos pertenece a estos miembros más vulnerables de la sociedad (cf. Mt 19, 14), pero, muy a menudo, se los olvida simplemente o se los explota sin escrúpulos como soldados, trabajadores o víctimas inocentes del tráfico de seres humanos. No hay que escatimar ningún esfuerzo para instar a las autoridades civiles y a la comunidad internacional a combatir estos abusos y brindar a los niños la protección  legal  que merecen justamente.

.Ha sido alentador ver a miembros de diferentes religiones y de diversos grupos étnicos en Sri Lanka y de toda la comunidad mundial reunirse para mostrar su solidaridad con las personas afectadas y redescubrir los vínculos fraternos que los unen. Estoy seguro de que encontraréis los medios para hacer aún más fecundos los resultados de esta cooperación, procurando especialmente que se preste gratuitamente ayuda a todos los necesitados.

b. Al cuerpo diplomático ante la Santa Sede Jueves 12 de mayo de 2005

Para proseguir en este sentido, la Iglesia proclama y defiende sin cesar los derechos humanos fundamentales, por desgracia violados aún en diferentes partes de la tierra, y se esfuerza por lograr que se reconozcan los derechos de toda persona humana a la vida, a la alimentación, a una casa, al trabajo, a la asistencia sanitaria, a la protección de la familia y a la promoción del desarrollo social, en el respeto de la dignidad del hombre y de la mujer, creados a imagen de Dios. Estad seguros de que la Iglesia católica, en el ámbito y con los medios que son propios de ella, seguirá ofreciendo su colaboración con vistas a la salvaguardia de la dignidad de todo hombre y al servicio del bien común. No pide ningún privilegio para sí, sino únicamente las condiciones legítimas de libertad y de acción para cumplir su misión. En el concierto de las naciones, desea favorecer siempre el entendimiento entre los pueblos y la cooperación fundados en una actitud de lealtad, discreción y cordialidad.

c. A la Conferencia Episcopal de Zimbabue en visita "ad limina" 2 de julio de 2005

Las recientes elecciones en Zimbabue han puesto las bases para lo que espero sea un nuevo comienzo en el proceso de reconciliación nacional y de reconstrucción moral de la sociedad. Aprecio la significativa contribución al proceso electoral que habéis dado a los fieles católicos y a todos vuestros compatriotas con vuestra Declaración pastoral conjunta publicada el año pasado.Como habéis afirmado con acierto en dicha Declaración, la responsabilidad por el bien común exige que todos los miembros de la comunidad política colaboren a fin de poner firmes cimientos morales y espirituales para el futuro de la nación. Con la publicación de la Declaración y de vuestra más reciente Carta pastoral "El grito de los pobres", habéis hecho que la sabiduría del Evangelio y la rica herencia de la doctrina social de la Iglesia influyeran en el modo de pensar y en los criterios prácticos de los fieles laicos, tanto en su vida diaria como en sus esfuerzos por actuar como miembros honrados de la comunidad.

d. Embajador de la República Bolivariana de Venezuela

La Iglesia, que no puede dejar de proclamar y defender la dignidad de la persona humana en su integridad y apertura a la trascendencia divina, reclama poder disponer, de modo estable, del espacio indispensable y de los medios necesarios para cumplir su misión y su servicio humanizador. En este sentido, y respetando las respectivas competencias, hay numerosos ámbitos en que resulta conveniente establecer diversas formas de colaboración fecunda entre el Estado y la Iglesia con el fin de prestar un mejor servicio al desarrollo de las personas y promover un espíritu de convivencia en libertad y solidaridad, lo que redundará en beneficio de todos.

Usted, Señor Embajador, ha recordado el indiscutible valor de la libertad, la cual es una gran bien que permite al ser humano realizarse plenamente. La Iglesia necesita esta libertad para ejercer su misión, escoger a sus Pastores y guiar a sus fieles. Los Sucesores de Pedro se han esforzado siempre por defender esta libertad. Por otra parte, los Gobiernos de los Estados nada deben temer por la acción de la Iglesia, que en el ejercicio de su libertad sólo busca llevar a cabo su propia misión religiosa y contribuir al progreso espiritual de cada País.Al hacer mías estas palabras, espero vivamente que se disipen las dificultades actuales en las relaciones Iglesia-Estado y se vuelva a una fecunda colaboración en continuidad con la noble tradición venezolana.

h. Embajador de la república del Paraguay. Viernes 26 de agosto de 2005

A pocos años de la celebración del bicentenario de la independencia y de la creación del Paraguay como Nación soberana, ella tiene hoy -como usted ha destacado bien en sus palabras- la gran oportunidad de avanzar en el diálogo y en serena convivencia entre todos los ciudadanos y con los demás países para superar cualquier forma de conflicto y tensión. .Por eso, les animo al ejercicio de una verdadera democracia, es decir, aquella que, por la participación del pueblo, lleva a cabo el gobierno de una nación cuando se inspira en los valores supremos e inmutables y hace posible que el acervo cultural de las personas y el progresivo desarrollo de la sociedad responda a las exigencias de la dignidad humana. A este respecto conviene reafirmar que la paz "es el primero y sumo bien de una sociedad; supone la justicia, la libertad, el orden y hace posible todo otro bien de la vida humana" (Pablo VI, Mensaje navideño, 23 diciembre 1965).En este sentido, en la encíclica Centesimus annus Juan Pablo II advertía que "una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia" (n. 46), puesto que, sin una verdad última que guíe y oriente la acción política, "las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder" (ibid).

i. EMBAJADOR de la República del ecuador ante la Santa Sede 29 de agosto de 200 5

Conozco también las iniciativas que se están tomando a partir de las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia, la cual invita a las instancias administrativas a poner en práctica el principio de subsidiariedad como medio eficaz para afrontar tantas necesidades concretas.

Conclusión: La locura del Quijote

Nuestro infatigable Papa, incluye en el epílogo de su célebre «Teoría de los principios teológicos» (Herder, Barcelona, 2005), un agudo análisis-balance del postconcilio, valiéndose del inmortal libro cervantino, tan presente en este año por el cuarto centenario de su primera edición en 1605. Descubre en "El Quijote" la «verdad sin afeites» que se oculta tras el manchego universal, entregado «a la defensa de la verdad, la justicia y los más débiles». «Se trata -escribía el entonces cardenal Ratzinger- de la expresión poética que tal vez más perfecta y acabadamente reflejó el drama de la despedida de la Edad Media y la irrupción de la Edad Moderna, y ello a través de la pluma de un autor que se sabía "más versado en desdichas que en versos": Miguel de Cervantes».

«Su Don Quijote comienza con una bufonada, con una amarga burla que no es mero producto de la desnuda fantasía o simple diversión literaria. El alegre auto de fe que el cura y el barbero llevan a cabo, en el capítulo 6, con los libros del pobre hidalgo tiene un aire absolutamente real: se echa afuera el mundo medieval y se tapia la puerta de entrada: pertenece ya irremisiblemente al pasado. En la figura de Don Quijote, una nueva era se burla de la anterior. El caballero se ha vuelto loco. Despertando de los sueños de antaño, una nueva generación se enfrenta con la verdad desnuda y sin afeites. En la alegre burla de los primeros capítulos hay algo de eclosión, de la seguridad de sí de una nueva época que olvida los sueños, que ha descubierto la realidad y está orgullosa de ello».

La reflexión del pontífice se orienta ahora hacia un retrato del personaje en el desarrollo argumental de la novela. Poco a poco, comienza a cobrar afecto al loco caballero. Esto se advierte no sólo en el hecho de que se sintiera molesto por la burla de un plagiador, que convertía al noble loco en vulgar payaso. Tal vez en la contraimagen del falso Don Quijote advirtió plenamente, por vez primera, que su loco tenía un alma noble, que su locura de consagrar su vida a la protección de los débiles y a la defensa de la verdad y la justicia tenía grandeza en sí. Tras la locura, descubre Cervantes la sencillez: "Al caballero pobre no le queda otro camino para mostrar que es caballero sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés y comedido y oficioso; no soberbio, no arrogante, no murmurador y, sobre todo, caritativo". ¡Qué noble locura aquella que hace que Don Quijote elija una profesión en la que "ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos, y finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cuesta la vida el defenderla"! Las locuras insensatas se han convertido en amable espectáculo en el que se hace perceptible un corazón puro».

A la hora del diálogo, del encuentro y de la síntesis, el Papa convida a no perder la memoria histórica: «El núcleo de la locura, que ahora llega al nivel de la conciencia, coincide con el extrañamiento de la bondad en un mundo cuyo realismo se burla, por lo demás, de aquel que acepta la verdad como realidad y que arriesga la vida en su defensa. Aquella altiva seguridad con que Cervantes había quemado los puentes que quedaban a sus espaldas y se había reído del tiempo antiguo se torna ahora en melancolía por lo perdido. No se trata de un retorno al mundo de las novelas de caballería, pero sí de mantenerse despierto para aquello que nunca debe perderse y de ver bien el peligro que amenaza a los hombres cuando, al quemar el pasado, pierden parte de sí mismos»

El Papa aplica el cuento a lo sucedido en los 10 años desde la Gaudium et spes . Cuánto más podría decirse a los 40. Si en ese momento denuncia que "ha desaparecido la sonrisa de nuestros labios" por el gesto de liquidar el pasado y quedarse sin nada, también anima a buscar lo nuevo y lo auténtico "con espíritu firme y sereno", a atreverse a "la locura de lo verdadero con alegre corazón y sin concesiones". Parte de esta locura es, sin duda, nuestro compromiso con el estudio y difusión de la Doctrina Social de la Iglesia. De este modo, podremos responder al desafío presente de "los gozos y esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo".

En la entrevista con el periodista católico Vittorio Messori, y que se publicó con el título Informe sobre la fe (BAC, 1985, p.243-44) el Papa Benedicto XVI medita la Palabra de Dios y nos deja una hermosa consigna con la que concluyo:"En el instante en que llega el Señor del mundo y ejerce la labor de esclavo con el lavado de pies.percibimos una imagen completamente distinta. Dios, que es el poder por antonomasia, no desea pisotearnos, sino que se arrodilla ante nosotros para impulsarnos hacia lo alto.Nos enseña que lo grande es ponerse al servicio de lo demás". Sí, Dios es tan grande que puede hacerse pequeño. Nosotros, somos tan grandes que podemos hacernos pequeños. O, parafraseando el título del libro del Prof. Jurgen Schuldt, ¿ Somos pobres porque somos ricos? podemos concluir: Somos tan ricos que podemos hacernos pobres como el Pobre de Nazaret. Somos tan cuerdos que podemos hacernos locos quijotes como Jesús, el Hombre Dios de Belén que pasó toda la vida haciendo el bien.

Instrucción Libertatis Nuntius (Sobre algunos aspectos de la "teología de la liberación") 6-VIII-84 y la Libertatis Conscientia (Sobre la libertad cristiana y la liberación) 22-III-86.

J. Ratzinger Verdad, valores, poder (Piedras de toque de la sociedad pluralista) Rialp, Madrid, 3ª ed. 2000, p.60